Elogio de la madrastra (1988)

¿Qué contiene?

Novela erótica sobre el poder putrefactor de la inocencia, que con magistral perversidad nos introduce en las oscuras motivaciones y universos de la sensual doña Lucrecia, la madrastra; de don Rigoberto, el padre, solitario practicante de rituales higiénicos y fantaseador amante de su amada esposa; y del inquietante Fonchito, el hijo, que con su angelical presencia, lo corrompe todo.

¿De qué trata?

El libro comienza con el cumpleaños cuarenta de Lucrecia. Encuentra en su cama una carta de su hijastro Fonchito.

“¡Feliz cumpleaños, madrastra! No tengo plata para regalarte nada pero estudiaré mucho, me sacaré el primer puesto y ése será mi regalo. Eres la más buena y la más linda y yo me sueño todas las noches contigo . iFellz cumpleaños otra vez!”.

Don Rigoberto es un viudo fanático de la pintura erótica y las abluciones. Todo ello es un ritual para él. Cada noche de cada día de la semana, la dedica a una parte diferente: las orejas, la nariz… Para Don Rigoberto, hacerle el amor a su esposa Lucrecia, también es un ritual.

“Esta noche no haré sino oiré el amor’, decidió. Era posible, él lo había conseguido otras veces y a Lucrecia también la divertía, al menos como prolegómeno. ‘Déjame oír tus pechos’ musitaría, y, acomodando amorosamente uno primero, otro después, los pezones de su esposa en la hipersensible gruta de sus oídos –calzaban el uno en la otra como un pie en un mocasín-.”

A Fonchito lo describe como un niño de bucles dorados revueltos, grandes ojos azules y blanquísimos dientes.

“Doña Lucrecia lo abrazó también y una de sus manos, deslizándose bajo la camisa del pijama azul marino, de filos rojos, le repasó la espalda y la palmeó sintiendo en la yema los dedos el delicado graderío de su espina dorsal. ‘te quiero mucho madrastra’ susurró la vocecita junto a su oído. Doña Lucrecia sintió dos breves labios que se detenían ante el lóbulo inferior de su oreja, lo calentaban con su vaho, lo besaban lo mordisqueaban jugando. Le pareció que al mismo tiempo que la acariciaba Alfonsito se reía…”

“Conmovida, lo besó también, en las mejillas, en la frente, en los alborotados cabellos, mientras vagamente, como venida de lejos, sin que se percatara bien de ello, una sensación diferente iba calándola de un confín a otro de su cuerpo, concentrándose sobre todo en aquellas partes los pechos el vientre, el dorso de los muslos, el cuello, los hombros, las mejillas expuestas al contacto del niño. ‘¿De veras me quieres mucho?’ preguntó, intentando apartarse. Pero Alfonsito no la soltaba…” “Cuando los delgados labios rozaron los suyos, apretó los dientes confusa. ¿Comprendía Fonchito lo que estaba haciendo? ¿Debía apartarlo de un tirón? Pero no, no, cómo iba a haber la menor malicia en el revoloteo saltarín de esos labios traviesos que dos, tres veces, errando por la geografía de su cara se posaron un instante sobre los suyos, presionándolos con avidez.”

“En la intimidad cómplice de la escalera, mientras regresaba al dormitorio, doña Lucrecia sintió que ardía de pies a cabeza ‘pero no es de fiebre’, dijo aturdida. ¿Era posible que la caricia inconsciente de un niño la pusiera así? Te estás volviendo una viciosa, mujer. ¿Sería el primer síntoma de envejecimiento? Porque, lo cierto es que flameaba y tenía las piernas mojadas.” Justiniana, la sirvienta, le comenta a Lucrecia que Fonchito la espía cuando Lucrecia se está bañando. El mismo Fonchito le comenta a Justiniana lo siguiente

“-Lo que oyes, Justita. Cuando se quita la bata y se mete en la tina llena de espuma, no te puedo decir lo que siento. Es tan, tan linda… Se me salen las lágrimas, igualito que cuando comulgo. Me parece estar viendo una película te digo. Me parece algo que no te lo puedo explicar. ¿Será por eso que lloró, no?” En un principio, Lucrecia se proponen callar e irlo alejando poco a poco. Pero el niño se resiste a su frialdad y le llora a Lucrecia. Quiere que todo sea como antes y le haga caso. Amenaza incluso con matarse, en caso contrario.”

“Y entonces, fue como si dentro de ella un dique de contención súbitamente cediera y un torrente irrumpiera contra su prudencia y su razón, sumergiéndolas pulverizando principios ancestrales que nunca había puesto en duda y hasta su instinto de conservación. Se agachó, apoyó una rodilla en tierra para estar a la misma altura del niño sentado y lo abrazó y lo acarició, libre de trabas, sintiéndose otra y como en el corazón de una tormenta. –Nunca más –repitió con dificultad, pues la emoción apenas le permitía articular las palabras-. Te prometo que nunca más te trataré así. La frialdad de estos días era fingida chiquitín. Qué tonta he sido, queriendo hacerte un bien te hice sufrir. Perdóname, corazón… Y, al mismo tiempo, lo besaba en los alborbotados cabellos en la frente, en las mejillas sintiendo en los labios la sal de sus lágrimas. Cuando la boca del niño buscó la suya, no se la negó. Entrecerrando los ojos se dejó besar y le devolvió el beso. Luego de un momento, envalentonados, los labios del niño insistieron y empujaron y entonces ella abrió los suyos y dejó que una nerviosa viborilla, torpe y asustada al principio, luego audaz, visitara su boca y la recorriera saltando de un lado a otro por sus encías y sus dientes y tampoco retiró la mano que, de pronto, sintió en uno de sus pechos. Reposó ahí un momentos quieta, como tomando fuerzas y después se movió y, ahuecándose lo acarició en un movimiento respetuoso, de presión delicada. Aunque en lo profundo de su espíritu, una voz la urgía a levantarse y partir, doña Lucrecia no se movió. Más bien, estrechó al niño contra sí y, sin inhibiciones siguió besándolo con un ímpetu y una libertad que crecían al ritmo de su deseo. Hasta que, como en sueños, sintió el freno de un automóvil y poco después, la voz de su marido, llamándola.”

Don Rigoberto se entera de lo que está pasando, porque un día Fonchito le pregunta qué es un orgasmo. Y es que resulta que un día Lucrecia le dijo que había tenido un orgasmo riquísimo. Y resulta que Fonchito hizo de tarea de composición de tema libre, un escrito de título Elogio de la madrastra, donde cuenta todo lo que hace con Lucrecia.

Don Rigoberto corre a Lucrecia de la casa.

Citas: 

“Son como las caracolas que llevan atrapada, en su laberinto de nácar, la música del mar.” (Don Rigoberto, refiriéndose a sus orejas).

“esa tierna textura que los italianos llaman morbidezza. Palabra que hasta aplicada al pan suena lasciva.”

Curiosidades:

  • La historia se entrelaza con las fantasías de Don Rigoberto, inspiradas en sus grabados eróticos. Entre las obras mencionadas, están las siguientes: 1.- Jacob Jordaens, Caudaules, Rey de Lidia, muestra su mujer al primer ministro Giges (1648), óleo sobre tela, Museo Nacional de Estocolmo. 2.- Francois Boucher, Diana después de su baño (1742), óleo sobre tela, Museo del Louvre, París . 3.- Tiziano Vecellio, Venus con el Amor y la Música, óleo sobre tela, Museo del Prado, Madrid . 4.- Francis Bacon, Cabeza I (1948), óleo y témpera, colección Richard S. Zeisler, Nueva York . 5.- Fernando de Szyszlo, Camino a Mendieta 10 (1977), acrílico sobre tela, colección particular. 6.- Fra Angélico, La Anunciación (c. 1437), fresco, Monasterio de San Marco, Florencia.
  • Me queda clarísimo que para escribir sobre estos temas (tan difíciles), el requisito es ser un escritor consagrado, de preferencia con algún premio importante. Es la única manera de darle legitimidad a este tipo de textos.
  • Menciona un dato curioso sobre Schiller y Michelet: les gustaba aspirar (como a Don Rigoberto), fragancias insólitas:

“Y súbitamente recordó a aquellos audaces extravagantes para quienes aspirar fragancias insólitas y consideradas repelentes por el común, era una necesidad vital, ni más ni menos que comer y beber. Trató de imaginar al poeta Federico Schiller hundiendo ávidamente sus sensibles narices en las manzanas podridas que lo estimulaban y predisponían para la creación y el amor, tanto como a don Rigoberto las figurillas eróticas. Y fantaseó después sobre la inquietante receta privada del elegante historiador de la Revolución Francesa, Michelet –una de cuyas fantasías era observar menstruando a su amada Athéné- quien, cuando lo rendían la fatiga y el desánimo, abandonaba los manuscritos, pergaminos y ficheros de su estudio para deslizarse sigilosamente como un ladrón, hasta las letrinas del hogar. Don Rigoberto lo intuyó: con chaleco, levita de dos puntas, escarpines y acaso planstrom, arrodillado y reverente ante la taza de excrementos, absorbiendo con infantil delectación las hediondas miasmas que, llegadas a los entresijos de su romántico cerebro le devolverían el entusiasmo y la energía, la frescura de cuerpo y de espíritu…”

RAE (o….. por favor, amplía tu vocabulario):

¿Un libro erótico plagado de palabras originales? Sí. Fabuloso.

  • Ubérrimas = Muy abundante y fértil.
  • Infolio = Libro en tamaño de folio.
  • Alacridad = Alegría o ánimo para hacer una cosa.
  • Escarmenar = Separar el mineral de entre los escombros.
  • Ebúrneo = De marfil, parecido a él.
  • Borborigmo = Ruido intestinal producido por la mezcla de gases y líquidos.
  • Entenado = Hijastro. (deduzco que de ahí viene antenati, antepasados en italiano).
  • Roquedal = Lugar abundante en rocas.
  • Ajada = Salsa de pan, ajos machacados y sal.
  • Rijoso = lujurioso, sensual.
  • Zagala = Muchacha soltera.
  • Inmarcesible = Que no se puede marchitar.
  • Salaz = Muy inclinado a la lujuria.
  • Acromegalia = Enfermedad crónica producida por una disfunción de la hipófisis. Los huesos aumentan de volumen, así como la parte blanda de manos, pies, etc.
  • Miasma = Emanación fétida de cuerpos animales o de sustancias en descomposición.
  • Esputo = Cada una de las partículas o emanaciones consideradas, antes del descubrimiento de los microbios, como agentes causales de las enfermedades infecciosas y epidémicas.

Veredicto:

No apto para cardiacos.

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