El zorro (1921)

“March tenía los codos encima de la mesa, afirmando su barba en las dos manos, con la mirada dirigida inconscientemente hacia el joven. De repente él levantó sus dos ojos azules cubiertos de una ligera nube, y, sin pensar en ello, miró ligeramente los ojos de March. Un escalofrío los recorrió los dos. Él retrocedió un poco, y cuando volvió la cabeza hacia un lado, March sintió brotar de sus pupilas y caerle en el alma la misma chispa de astucia, de burla y de inteligencia que había brotado de los ojos negros del zorro.” 

¿De qué trata?

La acción se sitúa en el año de 1918, recién terminada la guerra. Banford y March son dos amigas que adquieren una granja para explotarla juntas y vivir aisladamente.

March, con su habitual expresión de semi ausencia, solía escuchar con actitud distante y masculina; era como el hombre de la granja: robusta y hasta sabía carpintería. Ambas amigas rayan la treintena. Se dedican a la cría y engorda de gallina, siendo el zorro su gran enemigo, ya que se lleva a las gallinas bajo sus propias narices.

March comienza a obsesionarse con el astuto zorro y con la idea de atraparlo. Tomaba su escopeta y lo buscaba. Cierto día se encuentra cara a cara con el zorro, quien simplemente se dedicó a mirarla penetrando hasta su cerebro. No es que ella pensara mucho en él: es que la poseía. El zorro ocupaba su mente, embrujándola con encanto ladino.

Con la llegada del invierno, la granja se sume en la soledad y en la oscuridad, aún de día. Ambas temen esa época y a los vagabundos. Es en uno de esos días, cuando un joven soldado (que no aparentaba más de 20 años) irrumpe en su casa, donde el soldado había vivido durante cinco años ya que la granja había sido propiedad de su abuela.

El soldado tenía la cara rosada y largos cabellos rubios. Su voz era extraña, suave, musical. Sus ojos eran azules muy vivos y penetrantes. Su piel, fina y fresca. Su mirada se detuvo sobre todo en March, que estaba de pie, pálida, con sus grandes ojos dilatados. Para March, aquel soldado era el zorro. No habría podido decir porqué: la cabeza inclinada hacia delante, o la aureola de fino vello blancuzco o los ojos claros y vivos… Personificaba al zorro y March sintió que ya no tendría por qué perseguir más al animal. Aceptan que el joven se quede a cambio de su trabajo ayudándolas en la granja, ya que no tiene a dónde ir.

March desea fuertemente ser invisible cada vez que está el soldado cerca. Era como una sombra en la sombra, y los ojos del soldado siempre volvían a esa sombra con una atención que era incapaz de dominar.

Al principio los propósitos del soldado (Henry Grenfel) no son muy buenos, ya que en cierto modo se fija en la belleza de March, pero también no pasa por alto el hecho de que casándose con ella, podría ser dueño de la granja. Después, llega a enamorarse de ella. Entonces sólo piensa en sorprenderla en acecho, como se hace con un ciervo o una perdiz. De la misma forma que no se puede llegar al bosque y decirle al animal ‘hazme el favor de no moverte para poder disparar’, aquella también sería una lucha lenta, astuta, finísima, pues cuando se persigue al ciervo hay que recogerse, ocultarse secretamente… ahí vemos claramente que el soldado piensa como si efectivamente fuera un zorro.

El relato termina podría decirse con la victoria del astuto zorro, personificado por el soldado, quien al igual que el animal acaba con las gallinas. Él consigue deshacerse de Banford cortando un árbol de tal manera que deliberadamente se aseguró que al caer lo hiciera sobre ella. Banford era en realidad su único obstáculo, debido a la ambigua relación que sostenía con March y que lo alejaba de ella.

Citas:

“Estar con Lawrence era una especie de aventura, un viaje de descubrimientos de novedades y cosas extrañas. Ya que siendo él mismo de un orden diferente, habitaba un universo diferente del de los hombres comunes, un mundo más brillante, intenso, que aquel del cual, mientras hablaba, os iba liberando. Miraba las cosas con los ojos de un hombre que parecía haber estado en el umbral de la muerte y para el cual, al ir surgiendo de las tinieblas, el mundo se revela insondablemente bello y misterioso. Para Lawrence, la existencia era una convalecencia continuada: era como un ser que cada día de su vida renacía de una enfermedad mortal.”  Aldous Huxley.

Veredicto:

Literariamente es un poco anticuado el hecho de que Lawrence nos explique quién es el zoro en realidad, pero lo vas a AMAR si sabes lo que significa tener a un maldito zorrito metido en tu vida, apareciendo siempre sólo para molestarte infinitamente en el momento más inoportuno y recordándote cada cinco minutos que si no lo matas, te va a matar él a tí.

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