El primer hombre (1994)

“Pero se había evadido, respiraba sobre las anchas espaldas del mar, respiraba a oleadas, bajo el vasto balanceo del sol, por fin podía dormir y volver a la infancia, de la que nunca se había curado, a ese secreto de luz, de cálida pobreza que lo había ayudado a vivir y a vencerlo todo.”

CAMUS

¿Qué contiene?

La conmovedora autobiografía de un hombre que habiendo nacido y crecido en medio de la más absoluta miseria emocional y económica, soledad y angustia, se creó a sí mismo (El primer hombre) y se convirtió en lo que fue: nada más y nada menos que Albert Camus.

¿De qué trata?

Camus simplemente nos cuenta su historia. Sin pretensiones y sin chantajear emocionalmente, logra conmover hasta la médula de los huesos a cualquier lector.

Nacido en Argel, en una familia de extrema pobreza, hijo de un francés muerto en la Primera Guerra Mundial y a quien ni siquiera recuerda y de una madre muda que pasa su vida limpiando casas ajenas y que en sus ratos libres sólo mira la vida pasar por la ventana; y qué otra cosa podía haber hecho, si ni siquiera sabía leer (tal vez ser un poco cálida con su hijo, pero no…). Nieto de una abuela que lo crió de forma autoritaria, que jamás lo abrazó pero que siempre que tuvo ocasión, lo golpeó a la antigua usanza, convencida de que esa era la única forma de educar a un niño (obviamente, la vieja tampoco sabía leer. Tal vez sea coincidencia, pero creo que es la prueba de que la educación erradicaría muchos males). Sobrino de un tío también mudo. Solo.

Pronto el niño se destaca en sus estudios y aparece la figura de un angel en su vida: un profesor (a quien llama señor Bernard) que lo ayuda a darse cuenta de que tiene que seguir estudiando para salir de un mundo que ya le queda muy pequeño. Al final del libro puedes leer la carta de agradecimiento que muchos años después Camus le escribió a su profesor. Vale la pena que la leas, es hermosa. El señor Bernard también acostumbraba a hacer uso de castigos corporales sobre sus alumnos (lo dicho, la antigua usanza educativa), a pesar de lo cual Camus no puede dejar de quererlo y de sentir hacia él, a lo largo de toda su vida, un profundo agradecimiento. Su maestro era disciplinado con los castigos corporales, sin embargo el vínculo creado con él haya sido quizás el único vínculo afectivo que lo conecta con su infancia. Con el maestro sí existe un vínculo afectivo, a diferencia de con su abuela, pues los castigos corporales del maestro iban siempre acompañados de un afectuoso ‘pequeño’, además de dejarle al niño hambre de conocimiento.

“En general, sin embargo, este castigo era aceptado sin amargura, primero porque casi todos recibían golpes en sus casas y el correctivo les parecía el modo natural de educación, y después porque la equidad del maestro era absoluta…”

Sobre su maestro:

“A aquel hombre que hablaba hoy a su canario y que lo llamaba ‘pequeño’ cuando ya tenía cuarenta años, nunca había dejado de quererlo, aun cuando el tiempo, el alejamiento y por último la segunda guerra mundial lo hubieran separado de él, primero en parte, después del todo, dejándolo sin noticias, y se alegró como un niño cuando en 1945 un reservista maduro con su capote militar llamó a su puerta en París, y era el maestro que se había reenganchado, ‘no para hacer la guerra’, decía, ‘sino contra Hitler, y tú también, pequeño, has peleado, ¡ah!, yo sabía que eras de buena ley, tampoco has olvidado a tu madre, espero, bueno, no hay en el mundo nada mejor que tu mamá, y ahora regreso a Argel, ven a verme’, e iba a verlo todos los años desde hacía quince, todos los años como hoy, en que besaba antes de irse al viejo emocionado que le tendía la mano en el umbral de la puerta, y era él quien lo había echado al mundo, asumiendo sólo la responsabilidad de desarraigarlo para que pudiera hacer descubrimientos todavía más importantes.”

El niño sigue estudiando y brillando a pesar de todo lo que tiene en contra. Su abuela ni siquiera le permite jugar futbol, porque son tan pobres que no le permite gastar sus zapatos porque entonces habría que comprar otros.

“…siempre había devorado los libros que caían en sus manos y los tragaba con la misma avidez que ponía en vivir, en jugar o en soñar. Pero la lectura le permitía escapar a un universo inocente cuya riqueza y pobreza eran igualmente interesantes por ser perfectamente irreales.”

… y entonces ocurre lo inevitable: cuando su maestro le señala el camino a seguir para lograr una beca en el liceo, inicia su trayecto en ascenso y su inteligencia lo separa de su entorno y lo hace tomar conciencia de que el abismo entre él y su familia es absolutamente infranqueable. Ciertamente nunca tuvo vínculos afectivos notables con una familia en la cual nadie lo abrazó, en la que su madre y su tío analfabetas no podían hablar con él y su abuela sólo supo golpearlo, pero tomar conciencia de las cosas es lo que inicia un camino de separación entre él y sus seres queridos, en el que simplemente ya no hay marcha atrás.

“Durante un mes, todos los días después de clase, el maestro se quedaba dos horas con los cuatro niños y los hacía estudiar. Jacques (el propio Camus) volvía por la noche fatigado y a la vez excitado, y con los deberes por hacer.”

“Y si un día él, que hasta entonces había aceptado pacientemente que su abuela le pegara, como si eso formase parte de las obligaciones inevitables de la infancia,, le arrancó el vergajo de las manos, súbitamente enloquecido de violencia y de rabia y decidido a golpear la cabeza blanca cuyos ojos claros y fríos lo ponían fuera de sí, y la abuela comprendió, retrocedió y fue a encerrarse en su cuarto, quejándose de la desgracia de haber criado a niños desnaturalizados, pero convencida de que nunca más castigaría a Jacques, a quien nunca más en efecto volvió a castigar, fue porque el niño había muerto en aquel adolescente flaco y musculoso, de pelo revuelto y mirada exaltada, que había trabajado todo un verano para llevar un sueldo a casa, acababa de ser nombrado portero titular del equipo del liceo y, tres días antes, había gustado por primera vez, desfalleciente, la boca de una muchacha.”

La mejor descripción de lo que es el aislamiento:

“Ni la imagen, ni la cosa escrita, ni la formación oral, ni la cultura superficial que nace de la conversación trivial, los habían tocado. En esa casa, donde no se conocían diarios, ni, hasta que él los llevara, libros, no radio tampoco, donde sólo había objetos de utilidad inmediata, donde sólo se recibía a la familia, y de la que rara vez se salía, salvo para visitar a miembros de la misma familia ignorante, lo que él llevaba del liceo era inasimilable, y el silencio crecía entre él y los suyos.”

Camus aprende desde muy joven, tal vez dadas las carencias afectivas que tuvo en su hogar, la importancia y trascendencia que tienen otro tipo de vínculos: los que la vida nos premite crar con algún que otro maestro y con algún que otro amigo.

Finalmente llega el momento de volar solo (¿más?). Debe irse de Argel para continuar sus estudios:

“-Gracias, señor Bernard, gracias -decía, mientras el maestro acariciaba la cabeza del niño.

-Ya no me necesitas -le decía-, tendrás otros maestros más sabios. Pero ya sabes dónde estoy. Ven a verme si precisas que te ayude.

Se marchó y Jacques se quedó solo, perdido en medio de esas mujeres, después se precipitó hacia la ventana, mirando a su maestro, que lo saludaba por última vez y que lo dejaba solo, y en lugar de la alegría del éxito, una inmensa pena de niño le estremeció el corazón, como si supera de antemano que con ese éxito acababa de ser arrancado el mundo inocente y cálido de los pobres, mundo encerrado en sí mismo como una isla en la sociedad, pero en el que la miseria hace las veces de familia y de solidaridad, para ser arrojado a un mundo desconocido que no era el suyo, donde no podía creer que los maestros fueran más sabios que aquel cuyo corazón lo sabía todo, y en adelante tendría que aprender, comprender sin ayuda, convertirse en hombre sin el auxilio del único hombre que lo había ayudado, crecer y educarse solo, al precio más alto.”

“A los cuarenta años reconoce que necesita alguien que le señale el camino y que lo repruebe o lo elogie: un padre. La autoridad y no el poder.”

Citas:

  • “La miseria es una fortaleza sin puente levadizo.”
  • “… se sentía el más miserable de los niños durante las vacaciones, cuando para librarse de ese chico infatigable, la abuela lo mandaba con otros cincuenta niños y un puñado de monitores, a una colonia de vacaciones en las montañas de Zaccar, en Miliana, donde ocupaban una escuela provista de dormitorios, comían y dormían confortablemente, jugaban y se paseaban el día entero vigilados por amables enfermeras, y con todo eso, al llegar la noche, cuando la sombra subía a toda velocidad por la pendiente de las montañas y desde el cuarto vecino el clarín, en el enorme silencio de la pequeña ciudad perdida en las montañas, a unos cien kilómetros de cualquier lugar realmente concurrido, empezaba a lanzar las notas melancólicas del toque de queda, eniño sentía que lo invadía una desesperación sin límites y lloraba en silencio por la pobre casa, desposeída de todo, de su infancia. No, la escuela no sólo les ofrecía una evasión de la vida de familia. En la clase del sñor Bernard por lo menos, la escuela alimentaba en ellos un hambre más esencial todavía para el niño que para el hombre, que es el hambre de descubrir.”
  • “Y supo así que la guerra no es buena, porque vencer a un hombre es tan amargo como ser vencido por él.”
  • “… caminando en la noche de los años por la tierra del olvido, en la que cada uno era el primer hombre, donde él mismo había tenido que criarse solo, sin padre, sin haber conocido nunca esos momentos en que el padre llama al hijo cuando éste ha llegado a la edad de escuchar, para confiarle el secreto de la familia, o una antigua pena, o la experiencia de su vida…”
  • Camus no sólo nos obsequió una parte de su vida, escrita con gran honestidad, sino que también (como los grandes), se tomó la molestia de darnos respuestas. Como estas líneas sobre en qué consiste la felicidad: “Lo que nos salva de nuestros peores males es sentirnos abandonados y solos, pero no lo bastante solos como para que ‘los demás’ no tengan ‘consideración’ de nuestra desventura. En ese sentido nuestros minutos de felicidad son a veces aquellos en los que el sentimiento de estar abandonados nos colma y los eleva a una tristeza sin fin. También en ese sentido la felicidad no es a menudo sino el enternecimiento ante nuestra desdicha… de joven yo pedía a las personas más de lo que podían dar: una amistad continua, una emoción permanente. Hoy sé pedirles menos de lo que pueden dar: una compañía sin frases. Y sus emociones, su amistad, sus gestos nobles conservan para mí su valor cabal de milagro: un efecto cabal de la gracia.”
  • “La nobleza del oficio de escritor está en la resistencia a la opresión, y por lo tanto en decir que sí a la soledad.”

Veredicto:

Conmovedor, de manera muy profunda, sobre todo para aquellos que alguna vez tuvieron algún maestro como el señor Bernard, a quien le deben más de una carta de agradecimiento que todavía no han escrito; para aquellos que siendo profesores aún no logran ser como él, ante el miedo que puede dar el hecho de crear vínculos; y para aquellos que en algún momento hayan sentido abismos infranqueables.

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