Ninguna eternidad como la mía (1999)

  “Te ha de tocar bailar en otra parte. Es ley bailar de amores, embriagarse, ir al cielo con zapatos y sin futuro, no tener miedo de morirse ni de estar vivo”.

¿Qué contiene?

“La materia de este relato es tan poderosa y firme como la danza del amor. Su escenario es la Ciudad de México en la segunda década del siglo XX, cuando los volcanes y los gallos aún estaban al alcance de nuestros sentidos. La danza, el amor y la ciudad: con estos tres elementos Mastretta construye un amplio relato en cuyo curso la escritura baila sin parar”.

¿De qué trata?

“Isabel Arango (Priede) creció intensa y desatada como el olor del café.”

Es la quinta hija de un matrimonio de emigrantes asturianos. Nació en un puerto en el Atlántico, donde desemboca el río Papaloapan. Justo en la mañana que nació, llegó un ciclón.

“La niña llegó por fin haciendo más ruido que ninguno de sus hermanos”.

Jugó como un niño, y odió la costura como una niña. En 1917 obtiene en la escuela de gobierno, su certificado de enseñanza media. Aprende a bailar con una rusa exiliada y ella le mete en la cabeza que nada haría mejor en la vida, que bailar.

En enero de 1921, con 17 años, se va a estudiar danza a la Ciudad de México, en la escuela de Alice Giron, una maestra francesa de la Pavlova que llegó a México en la guerra y se instaló a vivir como si reinara la paz.

Bailaba ocho horas diarias, y comía una vez al día.

“En una de esas noches fue que Javier Corzas, poeta y telegrafista, descubrió la fiereza deslumbrante con que se movía Isabel Arango. Bailaba dentro de un grupo, pero él pensó que era ella quien perfumaba el aire por el que iban cruzando su precisa cintura, su espalda pequeña, sus brazos largos.”

Al conocerla le dice: “-¿De qué cielo caíste, mujer endiablada?”. Corzas “tenía los ojos de desamparo y las manos largas y fuertes. Una sonrisa cínica y una voz de gitano. Semejante mezcla, lo presentía, era más peligrosa que pacífica, pero no quiso sino rendírsele”.

La invitó a salir. Fueron a un lugar en Correo Mayor, que era al mismo tiempo comedor y cantina. Se llamaba La Barca de Oro y tenía dos secciones: una sólo para hombres, que era La Barca, y la otra en la que se permitía la entrada con mujeres, llamada El Oro. Corzas, sin preguntarle, pidió dos cervezas, dos tequilas con limón y dos vasos de ostiones.

“Durante las siguientes horas comieron, conversaron y bebieron hasta que la tarde los alcanzó creyendo que se conocían desde siempre. Entonces se echaron a caminar por el centro de la ciudad sin más tregua ni guía que su deseo de seguir juntos.”

Al llegar al callejón de tiendas de antigüedades, Isabel compra una mecedora vieja, que en el cabezal tenía la cara de un viejo alegre. Lo usaría como consejero. Al comprar su mecedora, pronuncia un ensalmo que le enseñó su mamá:

“Yo, Isabel Arango Priede, me comprometo a vivir con intensidad y regocijo, a no dejarme vencer por los abismos del amor, ni por el miedo que de éste me caiga encima, ni por el olvido, ni siquiera por el tormento de una pasión contrariada…”.

Esa tarde, Corzas la besa, y no pasa mucho tiempo para que sean amantes. Corzas escribió los únicos poemas alegres de su vida y un editor decidió publicárselos. Una noche, después de hacer el amor, dar guerra, leer poesía y murmurarse juramentos indescifrables, salen a buscarse una cena con vino. Corzas le dice entonces que se marcha a España, donde le ofrecen un trabajo.

Isabel regresa a sus clases, y baila mejor que nunca. Pablo, un amigo suyo, le dice que a Corzas no le ofrecieron ningún trabajo en España, sino que en telégrafos lo habían trasladado al sureste y que andaba como perro sin dueño queriendo hacerse rico para quitarla del baile. Porque tarde o temprano, todos quieren cama y comida caliente. Cuando Isabel le dice que Corzas es distinto, Pablo le contesta que todos son distintos hasta que se vuelven iguales.

Corzas va como si nada a recogerla. Ella le pide que vayan a ver los volcanes.

“No subieron a ver los volcanes. En cambio pasaron la tarde yendo y viniendo por sus cuerpos desolados como si llevaran siglos extrañándose”.

Pero a la mañana siguiente, Corzas se había ido. Su casera la lleva al pueblo de Amecameca a ver los volcanes que tanto le gustan a Isabel. Le parecen eternos. Prudencia, su casera, le dice que son lo más cercano a la eternidad. Ni sus lágrimas van a durar tanto. Isabel sólo espera que ningún desamor sea tan largo.

“Pero mi breve paso por el cielo, ese sí que duró tantísimo. Tengo a estos volcanes de testigos. Ninguna eternidad como la mía”.

RAE (o… por favor amplía tu vocabulario):

  • Jarana = Diversión bulliciosa. Pendencia, tumulto.
  • Contumaz = Porfiado en mantener un error. Impenitente.
  • Fruición = Complacencia, goce.
  • Ensalmo = Modo supersticioso de curar con oraciones y remedios empíricos.
  • Quimera = Creación imaginaria del espíritu.

Citas:

  • “… la vida valdrá la pena mientras haya en el mundo seres capaces de hacer magia cuando profesan una pasión.”
  • Corzas le dice a Isabel: “Te ha de tocar bailar en otra parte. Es ley bailar de amores, embriagarse, ir al cielo con zapatos y sin futuro, no tener miedo de morirse ni de estar vivo”.
  • “Por ti contaría la arena del mar”.
  • ” El arte necesita una dosis de dolor”.
  • “… quien ha merecido la dicha puede soportar la desgracia…”. 

Veredicto:

Entretenido.

Anuncios