Bomarzo (1962)

  “Cada uno tiene su propio Bomarzo.”  

¿Qué contiene?

El secreto para alcanzar la salud mental: inventa (de invenire = descubrir) tu propio Bomarzo y arroja en él lo bueno y lo malo, finalmente todo es abono.

Eso sí, sugiero que te reserves el derecho de admisión, porque a menos que quieras convertirte en un divertidísimo y suculento festín cual cobaya diseccionada en la plancha de ese laboratorio de morbo que algunas personas llevan dentro, no querrás olvidar las sabias líneas que Evelyn Waugh escribió en Retorno a Brideshead:

“No importa lo que la gente diga de tí, con tal de que no te llame pastel de pichón y te devore.”

¿De qué trata?

Es la biografía de  Pier Francesco Orsini (también conocido como Vicino Orsini), Duque de Bomarzo, narrada por él mismo pues el autor nos lo presenta como un personaje inmortal a pesar de que el verdadero Pier Francesco nació en Roma en 1512 (el mismo día que Miguel Ángel Bonarroti) y murió en 1572.

Eran los tiempos de violencia de Julio II (el Papa Terrible) quien finalmente en 1511 obtuvo lo que ninguno de sus antecesores: La Pax Romana entre las enemigas estirpes de Orsini y Colonna.  Los osos de los Orsini y las columnas de los Colonna se reunieron por fin.

El padre del protagonista era Corrado Orsini, un condottiero, Duque de Bomarzo, sobrino de Nicolás Orsini. El preferido de su padre era su hermano mayor Girolamo, quien debería sucederlo como Duque de Bomarzo. Bomarzo y su ducado le correspondían a su familia, merced a su abuela, hija de Orso Orsini, Duque de Bomarzo.

En 1528, cuando Roma fue saqueada por los españoles, parte de los Orsini se radicó en Viterbo. Su rama se estableció en Bomarzo, lugar que se convirtió siempre en su casa. Nuestro protagonista se considera un Orsini puro, pero por sus venas corre un poco de sangre Colonna.

Recuerda a su abuela, viuda de su propio tío, paseándose por Bomarzo. Su abuela Diana le narró toda la crónica de su familia y se consagró a transmitírsela desde que él era muy pequeño. Su padre, sus abuelos y sus bisabuelos habían sido condottieri y como tales, comerciaban con la guerra como otros comercian con el trigo. Alquilaban su mercadería militar al mejor postor y ningún ideal patriótico los guiaba en sus acciones. Según se movía la balanza política, cambiaban de aliados. Venecia siempre contrató los servicios de muchos condottieri. Su primer antepasado fue un jefe godo, cuyo hijo fue amamatado por un oso y fue llamado Orsino. La leche de la osa nutrió su sangre.  Su abuelo fue Francioto Orsini, sobrino de Lorenzo el Magnífico.

Pier Francesco nació con un defecto físico: una anomalía en la espalda provocada por la desviación de su columna vertebral hacia el lado izquierdo. Era una jiba, deformación a la que se sumó otra en la pierna derecha, que lo obligaba a arrastrarla. Se forman entonces dos bandos en la familia: por un lado su abuelo, su padre y sus hermanos. Por el otro, su abuela y él. A menudo su padre y su hermano lo obligaban a vestirse de mujer y él huía por todo el castillo gimiendo. Bomarzo entero y su zona de rocas agrietadas en torno de la altura que servía de base a la masa del castillo, era una inmensa necrópolis etrusca. Los etruscos fueron el pueblo más indescifrable de Europa. Antes, Bomarzo se llamaba Polimartium (fundado por Tirreno, rey de Lidia), por el templo de Marte que había cerca del Lago Vadimone. Su abuela le hace un regalo un día: uno de los campesinos encontró en la Gruta de las Pinturas una serie de armas etruscas. Un yelmo, un escudo, una espada, una lanza y varios cuchillos. Esas armas se volvieron para él un consuelo. En un momento doloroso de su vida, fueron símbolos de solidaridad y apoyo.

“Las cosas de las cuales se afirma que carecen de alma, son dueñas de secretos profundos que se imprimen en ellas y les crea un modo de almas especialísimo. Desbordan de secretos, de mensajes y, como no pueden comunicarlos sino a los seres escogidos, se vuelven con el andar de los años extrañas, irreales, casi pensativas. Hablamos de pátina, de pulimento, del matiz de las centurias al referirnos a ellas y no se nos ocurre hablar de alma. la armadura de Bomarzo tiene alma.”

Su padre era de gran hambre carnal y aplicaba con rigor, de acuerdo con el código de Viterbo, el derecho que le correspondía sobre las jóvenes esposas y sobre todas las mujeres de condición humilde de Bomarzo (el homagio mulierum). Un buen día su padre decide imponerle tremendo castigo: lo encierra en una habitación totalmente vacía, oliente a moho, junto con una momia, un personaje que había sido embalsamado quizás un siglo atrás.

“En Bomarzo había varios corredores secretos, cuya existencia ignoraban hasta sus propietarios porque el castillo era antiquísimo y en los siglos XII y XIII, por ejemplo,  había tenido más de cien dueños, descendientes de los nobles francos y longobardos que antes lo habitaron y porque esos herederos minúsculos cuya posesión en ciertos casos sólo se extendía a la cincuentésima parte del señorío y que vivían ahí en guerrera promiscuidad destrozándose bajo el gobierno de un vizconde habían reproducido los escondrijos, agujereando doquier las murallas para guardarse los unos de los otros (y sus respectivos tesoros mediocres) en oscuras madrigueras. Yo mismo, más tarde, cuando todo Bomarzo fue mío, descubrí un pasadizo subterráneo que comunicaba el castillo con el Sacro Bosque en el valle. Lo utilicé mucho.” 

A pesar de los maltratos, sigue atesorando un bonito recuerdo de su padre y sus hermanos, Girolamo y Maerbale. Estaban cierto día en la chimenea contando cómo se trasladó el David de Miguel Ángel a través de las calles de Florencia. Durante cuatro días, el David recorrió el camino que separaba el taller del maestro, de la Plaza de la Señoría. Cuarenta hombres tiraron de él por las callejas. Parecía el corcel troyano. Hicieron rodar la escultura sobre vigas engrasadas y emplearon un sistema de poleas y contrapesos. De noche, encendían fogatas a los pies del David y los envidiosos enemigos del artista, emboscados, le arrojaban piedras.

“La envidia y la imbecilidad de cierto tipo de hombres es eterna y se reproduce a lo largo de los siglos con virulencia intacta: en 1504 apedrearon el David de Miguel Ángel; en 1910, la municipalidad de Florencia juzgó apropiado vestirlo con una hoja de viña, lo que armó un gran revuelo.”

Mientras su padre cuenta la historia del David, por descuido, fugazmente, su índice se posó sobre la cara de su hijo jorobado.

“Ese fue el único momento auténticamente  venturoso que le debí a mi padre. El único, en el curso del cual, vibramos al unísono. David nos convocó un instante bajo su sombra. Lo demás ha sido llanto escondido, bochorno, agravio, desdén y odio; un alternativo tratarme como si yo no existiera, ignorándome y como si fuera un irracional que lo impacientaba, castigándome; y, sobre todo, un sordo, reiterado, inexorable hacerme sentir que estaba de más, que no pertenecía y jamás podría pertenecer al grupo armonioso que formaban él y sus otros dos hijos. Su actitud contribuyó seguramente casi tanto como mi deformidad, a formar mi desdicha.”“Así, ese extraño pasaje en el que su padre tocó su cara con su índice y el recuerdo de sus paseos por la vieja Roma y Bomarzo, lo ayudaron a explorar y descubrir lo mejor de sí mismo: la capacidad de disfrutar de la hermosura y de hallarla donde para los demás se encubría, como ausente, en una columna, en un arco, en la curva de un río, en una nube, en el lánguido vaivén de una rama verde y gris que dibujaba con sus pinceles de sombra caligrafías orientales.”

Le gusta leer, escribir versos, frotar camafeos y monedas y mirar los valles por la ventana al tiempo que desarrollaba un culto por la antiguedad. Desde muy niño le preocupaba qué sería de él cuando muriera su abuela. Se quedaría solo con sus enemigos, sus hermanos, quienes probablemente le negarían la estancia en Bomarzo. Cuando cumple 13 años, su familia lo manda una temporada a Florencia (gobernada por el Cardenal Passerini, quien ahogaba la ciudad con impuestos), donde alterna con los Médicis (concretamente con Hipólito de Médicis, sobrino de Clemente VII).

“Es la Florencia regida por las inflexiones matemáticas de la sección de oro, la telaraña pujante de geométricas figuras que sostiene la armazón de los cuadros del Renacimiento pues los demás personajes evolucionaban cada uno en su órbita usándolo de punto de referencia y ajustando la suya a la cadencia de su proceder.”“Los ojos son para mí las compuertas por las cuales penetra en mi interior el río rumoroso y tornasolado del mundo. Desde que llegué a Florencia mis ojos se deleitaron como si hasta entonces no hubieran captado su posibilidad de regocijo.”

Se enamora de Adriana dalla Aroza, menina o doncella de honor de la pequeña Catalina de Médicis.

“Adriana tenía cejas que se abrían como negras plumas y ojos violetas en los que se insinuaban unas microscópicas estrellas de oro. ““Desde que la vió, presintió que tendría que sufrir por su culpa.” 

Comienza a frecuentar famosas meretrices como Camila de Pisa, cortesana intelectual que escribía poemas y facilitaba su lecho. Beppo es el paje de nuestro protagonista, quien probablemente era un espía de su padre y sus hermanos. Hipólito de Médicis le regala a Abul, quien había llegado a Roma en la fastuosa embajada que el rey Manuel de Portugal envió a León X, para entregarle el elefante Annone. Estando en Florencia se dedicó a estudiar la Historia Natural de Plinio, iluminando su imaginación con figuras quiméricas: el basilisco, cuya mirada quema la hierba y destroza los peñascos; el fénix; el Hipocentauro; el dragón; el unicornio; el glifo de largas orejas y pico; la esfinge de pelaje rojizo. En el Bosque de Bomarzo de hecho están plasmados todos los símbolos que marcaron su vida. Como cuando su abuelo lo obligó a los quince años a meterse con la prostituta Pantasilea. Adriana contrae una enfermedad misteriosa cuyo diagnóstico escapaba a los físicos de Florencia.  Adriana muere y antes de su muerte, nuestro protagonista se entera de que tenía un affaircon su paje Beppo. La esfinge de Bomarzo fue consagrada a su memoria.

“Adriana ha sido para mí como una esfinge. Por momentos tierna y hasta audaz como cuando su mano acarició la mía en el palacio de los Médicis o cuando sentí la dulzura de su pecho en la balaustrada del cortile; por momentos también despiadada y traidora, como cuando se prendió de mi paje, desairando mi cuidadosa porfía y afrentó mi orgullo.” 

Muerta Adriana, regresa a Bomarzo y al aire enrarecido que había alimentado su infancia. Cierto día va al río a nadar con su abuela y se aparece su hermano mayor Girolamo a caballo lanzándole piedras e insultándolo. Pierde el equilibrio, e golpea la cabeza con una piedra y cae al río. La abuela le indica que se quede quieto y guarde silencio. Dejan morir a Girolamo y es así como Pier Francesco se vuelve Duque de Bomarzo al mismo tiempo que empieza a tener miedo de que lo maten, simplemente moliendo el polvo de un diamante en la comida. Silvio de Narni, de quien hay rumores de que tiene vínculos con los demonios, se vuelve su nuevo paje y con él empieza una vida disoluta. Se olvida de su timidez y de su joroba y juntos persiguen a muchas mujeres. Silvio lo convence de pervertir a los hijos de Messer Martelli, el administrador de Bomarzo. Son Porzia y Juan Bautista, unos niños apenas. Silvio y Pier Francesco abusan de ambos, tras invitarlos a pasear a un cementerio etrusco.

“La atmósfera sensual en la que Bomarzo estaba prisionero, era como una de las telaraños de los sepulcros próximos, viscosa y viejísima urdida a lo largo del tiempo con hilos etruscos, romanos, bárbaros, imagen simplemente entretejida con las hebras áureas de los Orsini, una malla de filamentos oscuros que de repente chisporroteaba y que se balanceaba entre el castillo y las tumbas, entre el Tíber y las rocas y sofocaba un lugar con su trama eterna.”

Carlos V toma Florencia, y ahí muere su padre. Entonces su abuela afirma que Bomarzo está embrujado y que su padre y su hermano Girolamo andan por el castillo. Su abuela le recomienda casarse, ahora que es el único Duque de Bomarzo, y le recomienda hacerlo con una Farnese porque la hora de los Farnese se acerca.

Cierto día, junto a Silvio, se pone a buscar el calabozo donde su padre lo encerró junto al esqueleto cuando era niño, y accidentalmente descubre otro pasadizo que comunica directamente con el Bosque de Bomarzo. Es un pasadizo muy antiguo, acaso del tiempo de los longobardos y ahí encuentra un cofre con diversos manuscritos de su padre. En uno de ellos, su padre enlistaba a sus posibles vástagos de adulterio, eran doce, y entre ellos figuraba Beppo. En otro manuscrito, detallaba lo que su suegro todavía le adeudaba en concepto de dote: mil doscientos ducados. También había un testamento: si Girolamo fallecía antes de sucederlo, sus bienes pasarían a Maerbale, aclarando que Pier Francesco carecía de las características morales y físicas que exigía la sucesión. Manifiesta que espera que Maerbale use la firmeza requerida para recluir a su hermano en Bomarzo.  Otro manuscrito contenía el horóscopo de Sandro Benedetto, que le auguraba a Pier Francesco vida eterna. A un lado de ese horóscopo su padre había escrito: ‘los monstruos no mueren.’

Sus primos, Mateo, Segismundo y Orso, en su momento lo torturaban para complacer a Girolamo, pero ahora, a los dieciocho años de Pier Francesco, no les queda más remedio que alabarlo.

Pier Francesco lee mucho El Cortesano, de Baltasar de Castiglione, manual de las buenas costumbres del Renacimiento. Son tiempos en que en Bolonia, en 1530, tienen lugar las fiestas de coronación de Carlos V. Pier Francesco se llena de úlceras, así que va a Venecia para ser atendido por Paracelso (seguidor de los neoplatónicos y admirador de Marsilio Ficino). Él le enseña que la sal, el sulfuro y el mercurio son los ingredientes que componen todo, metales y seres. La unión de los elementos orgánicos origina la vida y el elemento predominante es el que constituye la quintaesencia. Pier Francesco le comenta de su horóscopo, que afirma que él es inmortal, pero Paracelso le dice que las estrellas no indican ni imponen nada, porque somos libres de ellas y ellas de nosotros. Según Paracelso las estrellas y el firmamento entero son incapaces de afectar nuestro cuerpo, nuestros ademanes, nuestros vicios y nuestras virtudes. Más bien, le menciona unas cartas de sus antepasados Orsini, que contienen el procedimiento propuesto por un alquimista de nombre Dastyn para asegurarle la inmortalidad a uno de sus antepasados (el Cardenal Orsini). Esas cartas supuestamente estaban escondidas en alguno de los numerosísimos palacios Orsini.

Una vez curado por Paracelso, ahí mismo en Venecia, se hace retratar por Lorenzo Lotto, artista que imprime a todos sus retratos un caudal psicológico eriquecedor. Lotto es amante de los símbolos, así que lo retrata con una lagartija sobre un chal azul que encontró en la cámara de Pier Francesco y que simboliza el órgano sexual, sortilegio e inmortalidad. Todo son símbolos, las llaves (símbolo de posesión y secreto), las plumas, los pétalos de rosa sobre el libro que hojea, el cuerno de caza, el pájaro muerto, las flores marchitas, las alhajas… en el retrato no se ve su joroba. Fue pintado en 1532 y por lo menos hasta 1572, el óleo estuvo en el castillo de Bomarzo.

“Desconozco qué fue de él más tarde; de él y de los Tizianos. Mis descendientes me han saqueado; han desparramado lo más mío. No contaban con que al final me sería dado el privilegio sobrenatural de escribir estas páginas.” 

Sobre lo que sería el Parque de los Monstruos:

“Entre esos árboles y esas rocas se ocultaba algo imposible de precisar que anunciaba la indecisión brumosa de antiguos sueños y que se enlazaba tan estrechamente con mi razón de ser y de estar en el mundo como la búsqueda de la inmortalidad. No exagero si digo que en cada ocasión en que descendí solo hasta el paraje enzarzado que me hablaba con la voz hipnótica del agua y de las cigarras sentí como si penetrara en una zona secreta en la que se acentuaba el imperio mágico de Bomarzo y que adiviné que lo que ahí debía realizar ocurriría a su hora y era una tarea que no debía iniciarse sin estar maduro para ella, pues a medida que transcurrieran los años engulleciéndome subjetivamente, crecerían también las probabilidades de llevarla a cabo sin equivocarme.” 

Se casa en Bomarzo con Julia Farnese y una semana antes de la boda, empiezan a llegar los invitados, forjando la fama de orgías y escándalos que hizo famoso al Bomarzo de la época. Julia le da miedo. Por amable y por bonita. No puede consumar el matrimonio y días después sigue inhibido ante ella, así que empieza a visitar a diversas campesinas de Bomarzo con quienes sí era virilmente eficaz, mientras seguían siendo nulos sus empeños amatorios con su legítima esposa. Sólo lograba triunfar sobre gente de categoría subalterna unida a él por siglos de obediencia. Julia Farnese, gran dama, hija de una casa célebre, ubicada ante él en condiciones de igualdad, lo hacía sentir inferior. Julia siempre actuó como si nada pasara y se limitaba a sonreírle desde la distancia de su desapego aristocrático.

Como la esposa de su hermano Maerbale está embarazada, teme que ese hijo lo suceda en Bomarzo, así que se le ocurre que Maerbale embarace a Julia. Manipula la situación para que Maerbale y Julia se vuelvan amantes y cuando eso sucede, los sorprende en el acto. Furioso, finalmente puede tomar a Julia, de manera tal que al quedar embarazada Julia, realmente no sabemos si el hijo es de su hermano o suyo pero por si acaso, manda a Silvio de Narni a envenenar a su hermano (pobre Pier Francesco, cargar con las culpas de sus asesinatos, con lo fácil y limpio que hubiera sido simplemente borrarlos a todos de Facebook). Desde un principio sabía que tenía que matarlo si su plan se llevaba a cabo. El hijo nace y lo llaman Horacio. Se cría junto a Nicolás, hijo de Maerbale. Después tiene más hijos con Julia: Escipión, Marzio, Octavio, Orinzia, Maerbale (quien como él, nació jiboso), Faustina y Corradino. Cierto día, corre de Bomarzo a Cecilia Colonna (viuda de Maerbale) y a Nicolás, a pesar de los ruegos de Julia para que no lo hiciera pues se habían vuelto muy amigas.

Pier Francesco vive ahora dedicado al ordenamiento estudioso de sus colecciones, el cuidado de Bomarzo y uno de los móviles esenciales de su vida: la magia. Perdido en el bosque de los objetos, olvidaría la selva de los hombres. Su gabinete de colección se extendía a lo largo de tres salas en el primer piso del castillo. Entre sus tesoros había instrumentos musicales, relojes horizontales como brújulas, invenciones de ámbar, nácar y coral. Vasos en formas de quimeras realzados con esmaltes, esferas de cristal de roca, mosaicos hechos con plumas de aves del trópico, caracoles, astrolabios, conchas de peregrinos, instrumentos matemáticos, figurillas de cera, amuletos, discos cabalísticos grabados con letras hebráicas, cuernos de marfil, copas hechas con huevos de avestruz, aguamaniles de bronce, fragmentos de cerámica y barro esculpido, relicarios, espejos multiformes, raíces de mandrágora, piedras bezoares engarzadas en oro, esqueletos de reptiles entre los cuales había una presunta sirena, las petrificadas flores, las defensas de unicornio, manuscritos, medallas, textos arcaicos, leyendas de lápidas…. todas estas cosas necesitaban la ayuda de un experto para clasificarlas, así que jaló a Fulvio Orsini (hijo natural de Maerbale, quien se negó a reconocerlo y que fue enviado por Pier Francesco a Roma para que ahí se formase y se volvió muy destacado entre los arqueólogos de la época).

Es entonces cuando comienza la construcción del Sacro Bosque de Bomarzo al final del pasadizo que descubrió y comenzó construyendo el Ninfeo, con sus nichos exteriores en los que las ingenuas figuras de las tres gracias y de las Náyades arrojaban agua por los pechos y en los que toscos relieves ejecutados por artesanos de la región, anunciaban ya por medio de sus grotescas máscaras de anchas bocas, las fantásticas creaciones con que el porvenir sembraba el valle cercano entre los torrentes.

En la gruta que conducía al Ninfeo, escondería todos sus tesoros, los cuadros curiosos y los objetos excepcionales. Julia Farnese disfrazaba su miedo y su rencor, de asumida indiferencia y en uno de los pasajes más emotivos del libro, Pier Francesco hace la afirmación más angustiosa que puede hacer un ser humano: en realidad él nunca quiso a nadie. Tampoco quiso a Julia. El desprecio de Julia lo cohibía demasiado y acaba por reconocer, tal vez sólo por mencionar a alguien, que al único que sí quiso fue a Horacio Orsini, y ni siquiera supo si fue hijo suyo o de su hermano Marbale. Finalmente logra encontrar el pasadizo donde su padre lo encerró de niño con el esqueleto y se da cuenta de que el esqueleto era el guardián de los pergaminos o cartas del alquimista Dastyn al Cardenal Napoleón Orsini, que le había anunciado Paracelso y que Pier Francesco había buscado inútilmente por toda Italia. Entonces lee los manuscritos de Dastyn y se da cuenta de que esas epístolas estaban escritas letra por letra, al revés. Pasa mucho tiempo poniéndolas en orden. Tiene ya cuarenta años y le entra prisa por dejar una huella de su paso por el castillo.  Le escribe a Miguel Ángel Buonarotti para que haga una serie de pinturas en el castillo. Miguel Ángel no puede porque está trabajando en la Basílica de San Pedro, pero le recomienda a su discípulo Jacopo del Duca, quien en realidad era arquitecto. Jacopo llega a Bomarzo junto con sus alumnos, los hermanos sicilianos Zanobbi y Andrea Sartorio.

“Una vez más, como había sucedido con Abul y con Adriana, me ofuscaba yo con un espejismo. Zanobbi había aparecido en el momento en que, abandonado, rechazado silenciosamente por los demás, necesitaba una presencia que triunfara sobre el repudio restante y centrara mis emociones, conjurando parta mi timidez a hostiles y a indiferentes. No sé, hoy mismo, a tanto tiempo de lejanía, si Zanobbi era como lo veía  yo o si yo lo inventé, lo modelé, para colmar el vacío que me circundaba y que angustiaba a mi urgencia de ser el eje egoísta imperioso de mi mundo. Lo único que sé es que llegó en el instante oportuno y que me cegó su dorado reflejo imprescindible.” 

Estos artistas inmortalizan en los techos del castillo, las escenas correspondientes a los orígenes de su familia. Grandes frescos que representarían a nuestro protagonista rodeado de los suyos, con episodios relativos a los Orsini de Bomarzo, bajo el horóscopo de Benedetto. Julia enferma y muere.

“Unirme a ella fue para mí un lujo; enfrentarla fue una tortura; perderla, una desesperación; poseerla, un agobio.”“Lo que en ella amé fue su categoría de augusto símbolo, pero el ser de carne y hueso me intimidó siempre, aun en las ocasiones angustiosas en que la poseí.”

Empieza a soñar despierto con un parque rocoso, poblado de inmensas esculturas y que en medio de esos monstruos que le protegían, experimentaba un milagroso alivio.

“Por ser pequeño y contrahecho, anhelaba lo desmesurado, la abrumadora belleza formidable que triunfa sobre las mezquinas proporciones corrientes y cuya sombra a semejanza de la de una grandiosa nube, anula lo demás. Entre esos colosos, yo desaparecería; no me advertiría nadie porque seríamos iguales todos, extraviados en su magnitud: he ahí lo que barruntaba mi niñez, quería perderme entre ellos como en una fortaleza de músculos infinitos y ahora, ya hombre, ya maduro, la vieja ansiedad tornaba a contagiarme su fiebre.”

Esta idea le surge tras la muerte de Julia, que acentuó su sensación de soledad, de desamparo y fracaso, porque con su muerte se rompía lo último parecido a una protección maternal que le había acompañado en la vida, luego de que su abuela murió.

“Sentía que debía rendirle a Julia el homenaje que merecía. Empieza a pasear por el bosque de Bomarzo en donde ya había él puesto algunos obeliscos para desahogar su corazón. Pero ahora, su corazón requería mucho más para desahogarse que unos pilares conmemorativos. Aquí y allá, las rocas de Bomarzo emergían de la broza como los restos de un naufragio que zozofraba en un oleaje de ramas turbulentas. Esas rocas grises encerraban en su estructura la materialización de mi sueño. Cada roca representaba para mí y para mis recuerdos, un personaje encantado. El personaje permanecía prisionero bajo la costra. Había que liberarlo y ganar su amistad. Sería un trabajo bello y duro, éste que consistía en devolverle a Bomarzo sus desusados custodios.”“El bosque sería el Sacro Bosque de Bomarzo, el bosque las alegorías, de los monstruos, cada piedra encerraría un símbolo y juntas, escalonadas en las elevaciones donde las habían arrojado y afirmado milenarios cataclismos, formarían el inmenso monumento arcano de Pier Francesco Orsini. Nadie, ningún pontífice, ningún emperador, tendría un monumento semejante. Mi pobre existencia se redimiría así y yo la redimiría a ella, mudado en un ejemplo de gloria. Hasta los acontecimientos más pequeños, cobrarían la trascendencia de testimonios inmortales cuando los descifrasen las generaciones por venir. El amor, el arte, la guerra, la amistad, las esperanzas y desesperanzas… todo brotaría de esas rocas en las que mis antecesores por siglos y siglos no habían visto más que desórdenes de la naturaleza. Rodeado por ellas no podría morir. No moriría. Habría escrito mi libro de piedra y yo sería la materia de ese libro impar.”“Un libro de rocas. El bien y el mal en un libro de rocas. Lo mísero y lo opulento en un libro de rocas. Lo que me había estremecido de dolor, de ansiedad, la poesía y la aberración, el amor y el crimen, lo grotesco y lo exquisito. Yo. En un libro de rocas. Para siempre. Y en Bomarzo, en mi Bomarzo.”“El mío, que sería el reflejo de mi vida, sería también distinto de todos. Inesperado. Inquietante. Lo que en él hubiera de rigor armonioso, debía servir exactamente para exaltar su fantasía.”

Zanobbi, dándose cuenta de la preferencia que Pier Francesco siente por él, poco a poco va desplazando a Jacopo. Así, ambos culminan la obra de Bomarzo, desplazando a Jacopo.

“La complicación de los sentimientos que me inspiró (Zanobbi), creció paralelamente con la elaboración de mi obra maestra.” 

El Cardenal Hipólito de Este, hijo de Lucrecia Borgia, gobernador de Tívoli, fue a visitarlo durante dos días.

“Su villa (refiriéndose a la Villa D’Este, del Cardenal Hipólito) se dibujaba como una arquitectónica ofrenda, destinada a exaltar los trofeos del agua, mientras que la mía sería la exaltación de la piedra. Yo era un etrusco y él era un cosmopolita mitad italiano y mitad español. El agua que brotaba de mil fuentes entrelazadas, subrayaba en Tívoli con su prodigiosa orquestación que se deshacía en chorros, en espumas y en frías irizaciones, la inconsistencia volandera casual de su vínculo. Las estatuas esparcidas entre las fuentes las escalinatas, las grutas y los belvederes de Tívoli, parecían de agua también, agrietadas por las erosiones bajo la felpa de los musgos húmedos asomando entre los plumajes y las cortinas de frescura trémula que multiplicaron los sucesores del Ferrara Borgia. En cambio, las rocas de Bomarzo expresarían solemnemente, reciamente, lo íntimo de las ataduras que a ellas me unían y que por su intermedio, hundiéndose en sus opacas materias y atravesándolas, alcanzaban al corazón de la tierra y de sepulcros arcaicos. Dos conceptos se enfrentaban: el frívolo, el cortesano y el grandilocuente del Cardenal Hipólito, que se destacaba sobre el fondo rumoroso de sus cascadas y el feudal esotérico, inquietante, personalísimo del Duque de Bomarzo, que se perfilaba sobre la perspectiva inmóvil y muda de sus monstruos de piedra. Por un lado, la vaporosa arrogancia, la transparencia de los penachos multicolores que se burlan del tiempo porque el tiempo se desvanece en sus burbujas, por el otro, la asentada terquedad, la fuerza estática, petrificada, de los siglos.” 

Hipólito de Este y Pier Francesco encarnan dos criterios divergentes de la vida y del mundo.

“Cada roca encerraba un enigma en su estructura y cada uno de los enigmas era también un secreto de mi pasado y de mi carácter. Había que descubrirlos. Había que despojar a cada roca de la corteza que cubría la imagen esencial.”“Del horror al cinismo y del asco resultante que le causaba cualquier aberración teratológica, proseguía su horror por la fealdad y su pasión por la belleza en los humanos y los objetos. Así, él fue el creador del Sacro Bosque de los monstruos en Bomarzo. Lo hizo, porque esperaba que la proximidad de esos sobrevivientes armoniosos, actuaría sobre él como una terapéutica mágica. Sumergirse en un mar de belleza, rodearse de mármoles rítmicos, lograría que él se olvidara de sí mismo ya que hasta su padre lo desdeñaba por su cuerpo maltrecho al contrario de su abuela que lo adoraba.”

La roca ubicada tras en Ninfeo representa a Abul y el elefante Annone.  Y en la efigie monumental de esa escultura, hay un guerrero que sería Beppo, muerto por Abul a mitad de una cacería, por instrucciones de Pier Francesco, al enterarse éste de lo que había entre Beppo y Adriana. La tortuga simboliza la derrota y el ansia de su poesía. A Adriana le consagró una esfinge. A Pantasilea le dio los rasgos de una ninfa abandonada. El esqueleto pavoroso con el que su padre lo encerró, se delineó en la calavera y las tibias gravadas en la pilastra del pedestal triangular. La persecución de la cual había sido objeto por parte de sus hermanos, tuvo su alegoría en los dos personajes alados que disimuló en la base de la giganta y que tuercen boca abajo la silueta importente de un muchachito. Consagró en piedra sus acciones militares. La muerte de Maerbale se representaba en la lucha de dos titanes idénticos, uno de los cuales descuartizaba al otro. El Orco era una especie de máscara del infierno, con una leyenda de inspiración dantesca en torno de la dilatada boca: “lasciate ogni pensiero“. El Neptuno representaba su inmortalidad. Sólo él sabía lo que representaba. Una ninfa de regazo generoso que carecía de pies, porque éstos desaparecían en la negrura de la tierra, representaba a su abuela surgida del suelo maternal de Bomarzo.  El busto del Dios Jano representaba la doble cara del amor, que siempre estuvo presente en su vida. El Templete estaba dedicado a su mujer, aunque de noche, Silvio de Narni oficiaba con una casulla negra, sus ritos heterodoxos.

“El Templete, perfecto en su ritmo encantador, en su pulcra frialdad clásica, opondría a las extrañezas monumentales, las mismas antítesis que Julia Farnese había opuesto a mi personalidad compleja. En él culminaría el parque entero.” “La realidad, para mí, residía a la sazón y exclusivamente en las salas y en el parque de Bomarzo, en un mundo hermético que tenía por límites el laboratorio de un alquimista, el gabinete de un coleccionador de extravagancias, un templo donde se desarrollaban mágicas liturgias y unos jardines en cuyas terrazas resplandecía, entre los árboles, la piedra de los monstruos gigantescos.”“Hasta se diría que su poder (hablando de Zanobbi) de seducción había aumentado al madurar. Como antes, sin confesárselo porque de eso no hablamos jamás, fui su prisionero. Siempre. Desde los días de mi abuela, de Adriana, me embargó la necesidad de depender de alguien. De pertenecer. Yo, tan rebelde, tan orgulloso, fui un cautivo de los sentimientos. Mi invalidez se refugiaba en esa sujeción no expresada como en un baluarte.” 

Cierto día descubre a Zanobbi con una mujer, así que lo encierra en el mismo pasadizo en el que lo encerró su padre con un esqueleto cuando era niño y ahí lo deja. Segismundo, su primo homosexual, decide casarse porque se siente solo y el tiempo pasa y lo hace con Pantasilea. Ya sesentón, cargado de hijos y deudas, sus parientes le proponen que se case con Cleria Clementini, quien se convertiría en la nueva Duquesa de Bomarzo. Ceria tenía cuarenta y siete años y era una mujer extremadamente rica así que Pier Francesco accede (Pier Francesco es humano, ya quedó más que claro que no es perfecto). Estalla la guerra y Pier Francesco parte a pelear en Lepanto, donde tiene oportunidad de conocer a Miguel de Cervantes. Su hijo Horacio murió ahí. Regresa a Bomarzo y se dedica como loco a tratar de desvelar el secreto en los manuscritos de Dastyn. Un día Cleria le dice que Silvio de Narni le comunicó a Porzia todo sobre la muerte de Maerbale, y así ella se enteró y lo empieza a chantajear. Pero simplemente no se deja chantajear, ya que como piensa retirarse, le da igual lo que su esposa haga con esa información.

“Sin mí, Bomarzo perdería su atractivo principal, puesto que yo era el verdadero Orsini, el amigo de Hipólito de Médicis y de Julia de Gonzaga, el creador de los monstruos que se comentaban en las cortes, el héroe también de Lepanto.”

Un tal Rabí Luna logró descifrar las cartas de Dastyn y el primero de mayo de 1572 (día en que murió San Pío V) produjo un brebaje que le procuraría la inmortalidad absoluta. De repente hubo en Bomarzo un terrible incendio. Delante del Ninfeo, alguien amontonó los tesoros más preciados de Pier Francesco y les prendió fuego: astrolabios, relojes, esferas de cristal, relicarios, espejos, autómatas, esmaltes, libros y manuscritos. También ardieron las cartas de Dastyn pero ya era tarde, la fórmula había sido hallada y Pier Francesco tenía en su poder el vaso que contenía el líquido brumoso. Cierta noche, toma la copa y baja al Sacro Bosque lleno de antorchas. Lo acompañaban Antonello, su paje negro y el viejo hebreo que descubrió la fórmula de Dastyn.

“Sentí entonces que una desgarradora nostalgia se apoderaba de mí: nostalgia de mi juventud, de mi adolescencia remota, nostalgia de la vida simple que había perdido algo semejante a la melancolía, para muchos incomprensible.”

Tomó el cáliz, subió los escalones del Orco y no volvió la cara para despedirse. Rezaba mecánicamente, deslizando las cuentas de un rosario sin pensar en lo que hacía. “Lasciate ogni pensiero“. Sin pensar tal vez en nada. Al fondo sólo se oía a alguien que tañía el arpa como los antiguos pastores etruscos.

“No experimenté ninguna angustia, sino una bienandanza incomparable. Un psicoanalista explicaría que ello resultaba del hecho de que en aquella penumbra yo hallaba nuevamente la felicidad en el claustro materno, el refugio de esa madre a quien no podía recordar o acaso el abrigo del regazo de mi abuela, la maravillosa Diana Orsini. Una puerta de bronce clausuraba la boca del mascarón y la cerré.”

Había un lecho, un banco de piedra adosado a los muros, un cántaro de agua y algún alimento. Un cirio palpitaba sobre la mesa. Se sentó en un banco, elevó el cáliz y bebió.

“Me erizó un largo estremecimiento. Me acosté en el camastro y la ermita se fue encendiendo de colores acuáticos, de verdes espumosos, de índigos cobaltos vacilantes y ciertas figuras, la de Maerbale, la de Girolamo, la de mi padre, la de mi abuela, la de Julia, la de Horacio, la de Zanobbi, la de Abul, la de Pantasilea, la de Silvio de Narni, la de Adriana, la de Beppo, se dibujaron titubeando en el muro que resplandecía como los mosaicos de Venecia.” “Todo se borró. El tiempo no existía ya. Otras imágenes extrañas, terribles, comenzaron a ascender de los arcanos pero el tiempo no existía.”“Entonces comprendí que iba a morir; comprendí que no iba a vivir para siempre sino a morir enseguida.”

Resulta que Cleria le dijo a Nicolás (sobrino de Pier Francesco) la parte esencial que le incumbía a Pier Francesco en la muerte de su padre Maerbale, así que mezcló veneno en la copa.

“Mi fin resultaba tan paradógico, tan digno de la contradicción de mi vida, tan perfecto, tan propio para fascinar con su exacta estructura al poeta que soñaba ser, que a pesar de mi espanto, sonreí.”

Cayó de bruces y flotaba en la habitación la frase de su padre: “los monstruos no mueren”, pero se da cuenta de que sí y de que algún día morirían los monstruos de piedra erigidos por su orgullo. Murió esa noche de mayo de 1572, tumbado sobre la mesa de la boca del infierno, sintiendo el frío de la piedra contra su cara. No logró la inmortalidad, el libro es un recuerdo de su vida.

“Yo he gozado del inescrutable privilegio, siglos más tarde, y con ello se cumplía sutilmente la promesa de Sandro Benedetto porque quien recuerda no ha muerto, de recuperar la vida distante en mi memoria.”

 Citas:

  • “Florencia era un nido de gente intrigante dada a las habladurías, implacablemente burlona.” 
  • “Como en las pinturas de Mantegna, las nubes asumían frente a mí, contornos humanos. Veía en el cielo muchedumbres promiscuas y al desatarse las tormentas, oía sus apasionados choques. Veía largos cuerpos que se entrelazaban.”
  • “Las escenas vívidas dejan su impronta en los sitios.”
  • Sobre Venecia: “En Venecia lo poético resultaba, exteriormente, luminosamente, del amor del agua y del aire y, en consecuencia poseía una calidad fantasmal que se burlaba de los sentidos.”
  • “Bomarzo estaba saturado de su magia incógnita, fascinante y las noches de luna cuando yo salía, adolescente, a caballo, a recorrer el montuoso dominio, sentía encrisparse en la lobreguez de los senderos formas que brotaban tal vez de las cavernas, como miasmas, como vapores encantados, las furias, las gorgonas, arpías, moiras, graie con un sólo diente y un sólo ojo que nacieron viejísimas, pretidi orgiásticas, sátiros, ninfas, titanes jadeantes en la oscuridad.”
  • “El amor no había sido para mi eterna angustia el descubrimiento de otro, sino el olvido de mí mismo.”
  • “De cuantos pavores me aquejaron, el más intenso había sido el de la soledad y ahora me sentía irremediablemente solo entre fantasmas.”

Curiosidades:

  • Según enseña el primitivo arte cristiano, las apariciones animales del demonio se reducen a 4 figuras: león, basilisco, áspid y dragón.
  • Sobre Toulouse Lautrec: “Insano mezclador de colores insufribles.”
  • El libro está escrito a manera de memorias, como el mismo narrador lo dice, y esas memorias las escribe 4 siglos después de los acontecimientos (de ahí que hable de gente como por ejemplo Toulouse Lautrec). Y como lo narra cuatro siglos después, constantemente brinca en el tiempo. Se compara con Lautrec, por tener defectos físicos ambos y con Lord Byron, quien también cojeaba ligeramente. También cuenta cómo su retrato y muchos de los cuadros que colgaban en su castillo, se pueden apreciar siglos después en los museos de Roma.
  • La Roma clásica sufrió durante la Edad Media y el Renacimiento constantes depravaciones. El mismo Miguel Ángel no dudó en despojar de una de las columnas del templo de Cástor y Pólux para que sirviera de pedestal a la estatua de Marco Aurelio. El Mausoleo de Adriano por su parte proveyó las piedras de la Capilla Sixtina.
  • Orsini: casta militar y de senadores y gobernadores de la Iglesia Romana.
  • Después de nuestro protagonista, no ha habido más duques de Bomarzo, salvo su hijo Marzio y sus nietos Horacio y Maerbale. Los Duques de Bomarzo se extinguieron con ellos en 1640.
  •  Si bien los Orsini y los Médici estaban emparentados, los Médici los consideraban primitivos. Los Orsini juzgaban a los Médici como advenedizos, más preocupados del buen gusto que del manejo de las armas. Pero la verdad era que los Orsini envidiaban a los Médici.
  • Cocottes: prostitutas de la Francia de Napoleón III.
  • Se refiere a Carlos V como El  Emperador.
  • Era común lavar las heridas con vino hirviendo para evitar la gangrena.
  • El verdadero nombre de Paracelso era Aureolo Felipe Teofrasto Bombast Von Hohenheim. Paracelo afirmaba que Dios no ha permitido que exista ninguna enfermedad sin proporción a su remedio. También decía que una mujer embarazada, si se lo propone, es capaz de imprimir un dibujo sobre el cuerpo de su hijo.
  • En ese entonces, la mujer más hermosa de Italia era Julia Gonzaga y en su momento, tuvo que defenderse de la Inquisición.
  • Dedicado al pintor Miguel Ocampo y al poeta Guillermo White Loewe, con quienes el autor estuvo por primera vez en Bomarzo, el 13 de julio de 1958.
  • Al principio de este post usé la palabra “inventar” y fue muy adecuadamente escogida ya que el libro tiene una interesantísima analogía: desde el principio se nos dice que Pier Francesco nació el mismo día que Miguel Ángel. Esas cosas quieren decir algo. Miguel Ángel siempre decía que él no creó el David, sino que simplemente se limitó a quitar todo el mármol sobrante ya que el David siempre estuvo ahí. Sólo era cuestión de descubrirlo (de inventarlo). Pier Francesco construyó el Sacro Bosque de Bomarzo sobre las piedras etruscas que ahí estaban. Al igual que Miguel Ángel, podríamos decir que él también quitó el sobrante, lo suficiente como para dejarnos ver sus monstruos.

Elemento plástico y literatura ilustrada:

En el año 2002 tuve la oportunidad de estar en Bomarzo. Estoy convencida de que si Pier Francesco pudiera ver (qué digo, él es inmortal, por supuesto que lo ve) cómo es actualmente su Sacro Bosque, lleno de molestas y ruidosas familias italianas haciendo picnic, preferiría volver a nacer con una jiba adicional a la que ya tuvo. De cualquier forma el lugar definitivamente es mágico, con esa magia etrusca que puede percibirse con apenas un gramo de sensibilidad. Pier Francesco y yo teníamos una deuda pendiente y a continuación quiero compartir mis fotos del Sacro Bosque de Bomarzo, el Parque de los Monstruos (Nota: la perspectiva de las fotos  no es la mejor, pero fue muy difícil tomarlas dada la gran cantidad de gente que había en el lugar. En la mayoría de los casos tuve que esperar a que cada toma se vaciara de gente. Estas fotos son valiosas para mí, porque cuando las tomé estaba más sola que el propio Pier Francesco, y porque las tomé en medio de un ataque de Sídrome de Stendhal, así que, por favor, siéntete en plena libertad de robarme las que quieras):

Las calles de Bomarzo:

Foto 1 Foto 2Foto 3 Foto 4 Foto 5Foto 6Foto 7 Foto 8 Foto 9Foto 10 Foto 11.

El Palacio Orsini en Bomarzo:

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El Sacro Bosque de Bomarzo, también conocido como el Parque de los Monstruos (Il Parco dei Mostri):

Templete –  Proteo GlaucoProteo GlaucoProserpinaNinfeoNinfeoPegasoNeptunoRiachueloElefanteOrcoOrcoTortugaLucha entre gigantesLa casa inclinadaInterior del OrcoEl dragónEl cántaroFigura en el NinfeoEsfingePanorámica del parquePanorámica del parqueNinfeoCerereCerereCascadaParqueParqueParqueMujer serpiente.

Villa D’Este (incluyo esta sección de fotos, porque al final del libro Pier Francesco nos habla de esta espectacular villa con la que se sentía en competencia. Villa D’Este es un monumento al agua y Bomarzo es un monumento a la piedra. ¿Cuál te gusta más?):

Vista desde la VillaCorredor de árbolesCascadasCortina de aguaFuenteFuente –  FuenteFuenteFuenteFuentesFuente centralFuenteFuente centralFuentesPalacio y fuentesPalacio y fuentesPalacio y fuentePanorámica fuentePanorámica jardinesPanorámica jardinesFuente área de ingreso.

Motivos por los que debes leerlo: No puedes dejar de leerlo si necesitas que te confirmen que eres humano a pesar de tus defectos, si sabes darle a la soledad su justo precio, si crees en la magia, en los espectros, en la capacidad de transformación de las personas, si quieres dejar tu huella en el mundo o si simplemente deseas aprender a caminar entre tus monstruos.

Veredicto:

M A R A V I L L O S O .

…y tú ¿qué prefieres? ¿Un palacio de agua o uno de piedra? Más vale que escojas el de piedra. El agua se va a acabar.

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