El perfume. Historia de un asesino (1985)

“Los hombres podían cerrar los ojos ante la grandeza, ante el horror, ante la belleza y cerrar los oídos a las melodías o las palabras seductoras, pero no podían sustraerse al perfume porque el perfume era himno del aliento. Con él se introducía en los hombres y si éstos querían vivir, tenían que respirarlo. Y una vez en su interior, el perfume iba directamente al corazón y ahí decidía de modo categórico entre inclinación y desprecio, aversión y atracción, amor y odio. Quien dominaba los olores, dominaba el corazón de los hombres.”

 

¿Qué contiene?

EXCEPCIONAL (sí, con mayúsculas) novela histórica llena de cuidadosísimos y muy investigados detalles sobre la apestosa Francia del Siglo XVIII. 

¿De qué trata?

El libro trata de la vida de Jean-Baptiste Grenouille, asesino de muchachas que logra convertirse en un renombrado perfumista robando los aromas de sus víctimas y concentrándolos en una fragancia única, casi una fórmula de alquimista. El autor lo compara con monstruos tan geniales como: De Sade, Saint-Just, Fouché, Napoleón… a quienes describe como hombres célebres y tenebrosos en altanería y desprecio por sus semejantes. Sólo que la ambición de Grenouille se limitaba al efímero mundo de los olores, que alcanzan la mayor proporción en París, especialmente en el “Cimetiere des Innocents“, donde durante 800 años se habían llevado a los muertos del hospital “Hotel-Dieu“. Durante 800 años se fueron acumulando huesos en osarios y sepulturas.

Posteriormente, en vísperas de la Revolución Francesa, algunas fosas se hundieron y se extendió el pútrido olor del cementerio. Los cadáveres fueron llevados a “Montmartre” (a las catacumbas) y se cerró el cementerio, construyéndose encima un mercado de víveres.

En ese mercado nació el 17 de julio de 1738 Grenouille, en un día en que el calor se abatía como plomo derretido sobre el cementerio, mezclándose con el olor de melones podridos del mercado.

La madre de Grenouille lo tuvo en un puesto de pescado, escamando albures que había destripado previamente.

Era el 5o. hijo, todos tenidos en el puesto de pescado y todos habían nacido muertos, o murieron porque su carne sanguinolienta apenas se distinguía de las tripas de pescado que cubrían el suelo y no sobrevivían mucho rato entre ellas. En la noche, se recogía todo con una pala y se echaba al cementerio o al río.

Su madre era aún joven (25 años) y bonita porque tenía casi todos los dientes y algo de cabello. Era sana, pues aparte de gota, tisis y sífilis, no tenía enfermedad grave. Podía vivir aún mucho tiempo, 5 o 10 años más. Tuvo a Grenouille bajo el mostrador y con un cuchillo cortó el cordón umbilical.

Se descubre al niño bajo el mostrador, entre un enjambre de moscas, tripas y cabezas de pescado. Las autoridades lo entregan a una nodriza de oficio y apresan a la madre, quien confiesa y es decapitada por infanticidio múltiple, en la “Place de Greve“. Las nodrizas no lo quieren, porque mamaba por dos, así que lo mandan a la central de expósitos y huérfanos de la “Rue Saint-Antoine“, pero se arrepienten y lo mandan con unos religiosos a un convento (Saint-Merri de la Rue Saint-Martin), donde lo bautizan como Jean-Baptiste, y donde lo cuida una nodriza, quien lo rechaza por su apetito voraz. Le mama hasta los huesos y no huele como los demás bebés. Simplemente no huele a nada. Conclusión: está  poseído, pues un lactante según ella, debe oler: los pies, a mantequilla o como una piedra lisa y caliente; el cuerpo, a galleta mojada en leche y la coronilla a caramelo (que por cierto, la nodriza nunca había probado).

El padre Terrier se hace cargo del niño, y a pesar de ser el siglo XVIII, Terrier es algo medieval, pues dice el libro que nunca se había aventurado, como muchos, a poner en tela de juicio los milagros, los oráculos y la verdad de los textos de las Sagradas Escrituras, pese a que en rigor, la razón a veces los contradecía. Luchaba contra las supersticiones del pueblo llano: brujería, cartomancia, uso de amuletos, hechizos, conjuros, ceremonias en luna llena…

Grenouille era un bebé exageradamente fuerte: sobrevivió el propio nacimiento entre desperdicios, podía nutrirse con la lecha más diluída y digerir las verduras más podridas y la carne en mal estado. Sobrevivió al sarampión, disentería, varicela, cólera.

“Era fuerte como una bacteria, resistente y frugal como la garrapata que se inmoviliza en un árbol y vive de una minúscula gota de sangre que chupó años atrás.”

Fue un monstruo desde el principio. Lo compara el autor con: 

“… una garrapata pequeña y fea que forma una bola con su cuerpo color gris, que hace su piel dura y lisa para no secretar nada, para no transpirar una gota; que se empequeñece para pasar desapercibida, para que nadie la vea y la pise; que se encoge y se acurruca en un árbol, ciega, sorda y muda, y sólo husmea por años y a kilómetros de distancia la sangre de los animales errantes. Podría dejarse caer al suelo del bosque, arrastrarse con sus seis patitas minúsculas y dejarse morir bajo las hojas, pero terca, obstinada y repugnante permanece acurrucada, vive y espera hasta que la casualidad le lleve la sangre en forma de un animal directamente bajo su árbol. Sólo entonces abandona su posición, se deja caer y se clava, perfora y muerde la carne ajena… Así era Grenouille: vivía encerrado en sí mismo y sus excrementos era lo único que daba al mundo.”

Los demás niños se apartaban de él. Incluso tratan de matarle, asfixiándolo, estrangulándolo. Taparle la boca y la nariz hubiera sido más seguro, pero no se atrevían a tocarlo, pues les asqueaba como una araña gorda a la que no se quiere aplastar con la mano.

Y en realidad, no tenía nada que inspirase miedo. No era alto ni robusto. Feo, mas no para causar espanto. Nunca provocaba: se mantenía al margen.

Aprendió a hablar, con palabras que designaban objetos olorosos. Poco a poco fue distinguiendo olores: olía clases de madera, de serrín, astillas individuales. En el humo, olía 100 aromas diferentes. A los 6 años, ya captó su entorno por medio del olfato. Reconocía las cosas por su olor y combinaba mentalmente los olores, creando olores nuevos que no existían. El lenguaje le resulta insuficiente para expresar todos los olores que percibe y cada vez se fue haciendo más introvertido. Pero tenía cualidades: era inmune al temor infantil de la oscuridad y la noche. Daba la impresión de poder ver a través del papel, tela o madera, paredes, puertas. Sabía cuándo se escondía una oruga en una coliflor, antes de partirla. Localizaba el dinero oculto, por su olor. Anunciaba visitas antes de su llegada, pues los olía y percibía tormentas.

Entró a trabajar con un curtidor: Grimal. Limpiaba de carne las pieles putrefactas, mezclaba líquidos venenosos para curtir y teñir, preparaba el tanino cáustico para el curtido.

Madame Gaillard, quien hasta entonces lo cuidó, (para ello le pagaba el cura), se lo entregó al curtidor por miedo a que la robara (al olfatear el dinero). Madame pasó su vida ahorrando para pagarse un entierro individual y no en fosa común. Pero la muerte no llegaba y llegó antes la Revolución. Se quedó sin nada. La muerte llegó en forma de un tumor en la garganta. Murió en Hotel Dieu, en una cama con otras 5 mujeres desconocidas. La enterraron en una fosa común (más bien la aventaron), bajo una capa de cal viva. 

“Grenouille se dedicaba a limpiar de carne las hediondas pieles; las abatanaba; bajaba al noque, lleno de vapor cáustico y colocaba pieles y cortezas a capas; esparcía agallas machacadas por encima y cubría la espantosa hoguera con ramas de tejo y tierra. Años después tuvo que apartarlo todo para extraer de su tumba las pieles momificadas, convertidas en cuero.”

Así contrajo, tras un año, un  ántrax maligno: una enfermedad que da a los curtidores y provocaba la muerte. Salen grandes  ántrax negros detrás de las orejas, en el cuello y las mejillas, pero al salvarse, adquirió la inmunidad contra el mal, y así, podría descarnar con manos agrietadas y ensangrentadas, las pieles más duras sin contagio.

“Un día, percibió una fragancia incomprensible, entre seda y leche. La rastreó por toda la ciudad entre olores de ratas, excrementos y verduras en descomposición. Lo siguió media milla, hasta llegar al patio de una casa en que una muchacha entre 12 y 14 años limpiaba ciruelas amarillas. Olió el sudor de sus axilas, la grasa de sus cabellos, el olor a pescado de su sexo. Su sudor era tan fresco como la brisa marina, el sebo de sus cabellos era tan dulce como el aceite de nuez; su sexo olía como un ramo de nenúfares, su piel como la flor de albaricoque. Esa fragancia era el principio supremo. Su vida no tenía sentido sin la posesión de esa fragancia. Era una muchacha pelirroja y pecosa y al olerla, la muchacha sintió frío. La estrangula, con los ojos cerrados para no perder nada de su fragancia. Una vez muerta, le desgarra el vestido y la huele de la cabeza a los pies hasta marchitarla.”

De gran memoria, se hizo dueño de un catálogo de aromas. Los clasificó: bueno con bueno, tosco con tosco, hedor con hedor, ambrosía con ambrosía.

Entra a trabajar con un perfumista: Baldini, ya acabado y dedicado a robar esencias a otros colegas. En su tienda había de todo: “esences absolues“, esencias de pétalos, tinturas, extractos, secreciones, bálsamos, resinas y drogas en forma sólida, líquida o cérea, hasta aguas para el baño, lociones, sales volátiles, vinagres aromáticos, pomadas, pastas, polvos, jabones, cremas, almohadillas perfumadas, bandolinas, brillantinas, cosmético para los bigotes, gotas para las verrugas y emplastes de belleza, pebetes, sahumerios, especias, semillas de anís o canela, vinos de Chipre, Málaga y Corinto, jarabes, mieles, cafés, tés, alcaparras, frutas secas, higos, chocolates, lacre perfumado, papel para cartas oloroso, tinta de esencia de rosas, guantes y pañuelos perfumados, acericos rellenos de flores de nuez moscada…

Menciona el autor a Frangipani, quien descubrió que las sustancias aromáticas son solubles en alcohol, espiritualizando al perfume y liberándolo de materia. En una palabra, creó el perfume, lo cual es una obra digna de Prometeo y sólo comparable a la transformación de las uvas en vinos por los griegos.

El autor habla de una época en que se leen libros subversivos de hugonotes o ingleses; se escriben obras científicas en que todo se pone en tela de juicio. Ya no sirve nada; la sífilis ha de ser una enfermedad muy normal y no un castigo de Dios; Dios no creó el mundo en 7 días (si es que El lo creó), sino en millones de años. La tierra ya no es redonda, sino ovalada. Se escudriña, se pregunta, se husmea, se experimenta y todo debe probarse. La gente leía libros ­¡incluso las mujeres! Los clérigos se meten en cafés.

Baldini le enseñó a oler perfumes:

“…deben olerse en estado distendido y aireado, nunca concentrado. Se moja un pañuelo con unas gotas; se agita en el aire para evaporar el alcohol. 3 inspiraciones cortas y bruscas. Se expira el aire enseguida; se vuelve a inspirar 3 veces y tras una profunda inspiración se exhala el aire con lentitud y deteniéndose varias veces, como dejándolo resbalar por una escalera larga y lisa.”

Las ventajas que obtuvo de Baldini:

“…aprendió a oler el perfume según las reglas; a cocer jabón de grasa de cerdo, a coser guantes de cuero lavable, a mezclar polvos de harina de trigo, pasta de almendras y rizomas de lirio; formó velas olorosas de carbón vegetal, salitre y astillas de madera de sándalo, pastillas orientales con mirra, benjuí y polvo de ámbar. Amasó pebetes redondos con incienso, goma laca, vetiver y canela. Tamizó e hizo emplastos “poudre imperiale” con pétalos de rosa, flores de espliego y corteza de cascarillo, todo molido. Mezcló pintura blanca y azul y formó barritas de grasa, de color carmesí, para los labios. Molió el más fino polvo de uñas y esmalte dental. Elaboró líquido de gorgueras para las pelucas y gotas para las verrugas y callos, un blanqueador de pecas y un extracto de belladona para los ojos; pomada de cantárida para los caballeros y vinagre higiénico para damas.”

“Comienza a hacer experimentos para destilar el olor del vidrio, olor arcilloso y frío, imperceptible para personas normales. Destiló latón, porcelana y cuero, tierra, sangre, maderas, cabellos, pescado fresco, agua del Sena, con ayuda del alambique. Ignoraba que la destilación no es más que un procedimiento para separar las partes volátiles de las sustancias mezcladas y sólo era útil en perfumería en la medida en que aislaba el aceite etéreo y volátil de ciertas plantas de los restos total o parcialmente inodoros. Así, no tenía sentido la destilación en sustancias carentes de este aceite volátil. Esto es evidente para el hombre actual, con nociones de física, pero no para Grenouille.”

El siguiente párrafo, me parece que es todo un homenaje del autor a los escritores naturalistas franceses como Émile Zola… de hecho me recuerda mucho a la muerte de su personaje Naná:

“Al fracasar, enfermó: fiebre muy alta y sudores. Pústulas que aparecieron al saturarse los poros de la piel. Se cubrió de ampollas rojas, que reventaron derramando su contenido acuoso para después volverse a llenar. Otras crecieron y se hicieron furúnculos, gruesos y rojos que se abrieron como cráteres, vomitando pus espeso y sangre entremezclada con una sustancia viscosa y amarillenta. Se trataba de una especie sifilítica de la viruela, complicada con un sarampión purulento.”

Busca otros medios, una vez curado, de extraer la fragancia de un cuerpo, además de destilado y prensado. Baldine le dice que hay tres medios: el “enfleurage a chaud“; el “enfleurage a froid” y el “enfleurage a l’huile“, que se emplean para sacar las fragancias más delicadas: jazmín, rosa y azahar.

Grenouille no tiene más remedio que aguantar a Baldini, pues para ser un aprendiz se requería un origen familiar intachable, parientes acomodados y un contrato de aprendizaje. Ese certificado de oficial de artesano, le permitiría vivir con discreción, viajar sin ser molestado y encontrar empleo. Baldini le da el certificado y lo deja ir, una vez que se hizo rico a su costa.

Baldini y su esposa mueren. Su casa se derrumbó mientras dormían.

Grenouille sueña con un castillo, con estanterías del suelo al techo con todos los olores reunidos por Grenouille. En las bodegas, cubas con las mejores fragancias que una vez maduras, trasladaba a botellas almacenadas en pasillos húmedos y fríos de varios kilómetros de longitud, clasificadas por años y procedencias.

Sueña con un libro de los olores nauseabundos, donde leer sus recuerdos: los olores de su infancia, de la escuela, de las calles…

Huye de la ciudad y se esconde por 7 años en una caverna. Es feliz. Ahí permanece mientras el mundo pasa por una guerra mundial; se peleó en Silesia y Sajonia; en Hannover y Bélgica; en Bohemia y Pomerania. Las tropas reales mueren en Hesse y Westfalia, en las Baleares, la India, Mississipi y Canadá, si es que no morían de tifus en el viaje. Costó la vida a un millón; al rey de Francia le costó su imperio colonial y tanto dinero, que los estados beligerantes deciden acabarla.

En una ocasión, en su cueva, la nieve alcanzó tal altura que ya no tuvo fuerza para excavar hasta los líquenes y se alimentó de murciélagos muertos por congelación.

Ahí se da cuenta de que él no huele a nada. Hundió la nariz en el hueco del codo, pues ahí es donde los hombres huelen a sí mismos. Nada.

Abandona su retiro y va hacia la ciudad donde conoce al marqués de la Taillade-Espinasse, quien escribía un ensayo sobre las relaciones entre la proximidad de la tierra y la energía vital. Su tesis: la vida sólo puede desarrollarse a cierta distancia de la tierra, pues ésta emana un gas putrefacto: el fluído letal que paraliza las energías vitales y conduce a su extinción. Por ello los hombres tienden a crecer alejándose de la tierra. Por ello, la espiga, el hombre, la flor, crecen hacia el cielo, y al envejecer se acercan a la tierra, siendo víctimas del gas letal, muriendo y descomponiéndose.

Así, el marqués hace de Grenouille la sensación científica del año, expuesto en el Aula Magna de la universidad de Montpellier.

Es en esa época, que Grenouille se ve por primera vez en un espejo.

“Su nueva ambición: apropiarse del olor humano que él mismo no tenía. Y, aunque cada quien huele a su modo, hay un tema perfumístico fundamentado en el olor humano: un olor a sudor y grasa, a queso rancio, que comparten todos. Para fabricarlo tomó un montón de excrementos de gato, mezclados con vinagre y sal fina; un pedazo de queso podrido que despedía un fuerte olor cáustico; pescado podrido mezclado con un huevo podrido y castóreo; amoníaco, nuez moscada, cuerno pulverizado y corteza de tocino chamuscada. Añadió algalia y lo diluyó todo en alcohol.”

El marqués se perdió en una montaña, pero eso no fue el fin de su doctrina. Surge una leyenda: se unió en la cima de la montaña con el fluído vital eterno, fundiéndose en él y flotando invisible desde entonces, joven, sobre los pinos de los Pirineos. Quien ascendiera hasta él, quedaría por un año libre de enfermedades y del envejecimiento. Hasta entrado el siglo XIX, su teoría fue defendida en cátedras de medicina y empleada terapéuticamente en sociedades ocultas. Aún hoy existen, en ambas vertientes de los Pirineos: Perpiñón y Figueras, logias tailladistas secretas que se reúnen una vez al año para ascender al Canigó, para encender una hoguera con ocasión del solsticio y en honor a San Juan, para alcanzar la vida eterna.

Aprende el arte del perfumado en frío, comprando las grasas más apropiadas y limpiándolas, derritiéndolas, filtrándolas y determinando la proporción en que deben ser mezcladas. El alcohol lo obtiene destilando y rectificando vino. Otro perfume de su arsenal, era uno que incitaba a la compasión: olía a leche aguada y madera limpia y blanda. Al ponérselo, las mujeres lo veían hambriento e indefenso. Tenía otro, para cuando deseaba estar solo: un perfume como un aliento pútrido.

Lo que antes fracasó con destilación, pudo hacerlo con las grasas y su fuerza absorbente. Envolvió en grasa un pomo de latón de olor mohoso. Al raspar el sebo, éste adquirió el olor. Si tuviera 10,000 pomos envueltos en grasa por 10,000 días, obtendría una gota de “essence absolue” del pomo. Este procedimiento se llama macerado.

Luego lo probó con vacas, ratas, larvas, moscas, cubriéndolos con paños impregnados de grasa o cubiertos de aceite. Pero los objetos animados no se dejan arrebatar su aroma. Además, era preciso matarlos, pues debían inmovilizarse.

Luego pasó a las personas, camuflándose con una fragancia de discreción.

“Fue a misa a ver qué olía: un terrible conglomerado de sudor de culo, sangre de menstruación, corvas húmedas y manos convulsas, humo sofocante de incienso y mirra.

Observó que lo más adecuado para captar el olor humano es la combinación de grasa de riñones de cordero, de sebo de cerdo y vaca, purificados varias veces, en una proporción de 2x5x3, junto con pequeñas cantidades de aceite virgen.”

Comenzó a ambicionar la fragancia de ciertas personas, extremadamente raras, que inspiran amor. Empiezan a aparecer muertas, muchachas bellísimas, morenas, plácidas, desnudas, con la cabellera cortada, y tendidas en los campos de flores con una herida en la base del cráneo.

Grenouille ambiciona a la hija pelirroja de un rico, quien la saca de la ciudad temiendo los crímenes. Mientras, Grenouille guarda en una cajita acolchada con algodón, 24 frascos con el aura, reducida a gotas, de 24 doncellas, obtenidas por medio del “enfleurage” en frío de los cuerpos, digestión de cabellos y ropas y lavado y destilación. Ahora, le tocaba a la más valiosa: la hija del rico. Preparó una olla de grasa purificada muchas veces, un paño del lino más fino y una bombona del alcohol más rectificado.

Finalmente, Grenouille consigue matarla y la envuelve como momia en el paño engrasado, durante 6 horas.

Tras este crimen, lo apresan. La sentencia: con la cara vuelta al cielo, atado a una cruz, se le darán en vida 12 golpes con una barra de hierro que le descoyuntar  las articulaciones de brazos, piernas, caderas y hombros, tras lo cual se levantará la cruz donde morirá. Se prohibió al verdugo la habitual medida de gracia: estrangularlo con un hilo, tras los golpes, a pesar de que la agonía podía prolongarse durante días. Su cuerpo se enterraría de noche en el desolladero.

Un sacerdote trató de confesarlo, pero salió sin conseguirlo.

Para ir a su ejecución, se pone el perfume creado con las muchachas que mató, con el objetivo de que todos lo amen. Se produce una bacanal: las mujeres recatadas se rasgan la blusa. Se vuelve una orgía: anciano con doncella; jornalero con esposa de abogado; aprendiz con monja; jesuita con masona… Llevó a cabo la proeza de Prometeo. No lo pueden creer culpable y lo dejan ir.

Grenouille no inspira nada. Es insignificante. Ni siquiera odio. Y se da cuenta. Desea que lo odien, para así, ser por primera vez igual a los demás. Así, se echa todo el perfume. Todos sienten la necesidad de tocarlo, de tener algo de él. Se rasgaron ropas, arrancaron cabellos, piel del cuerpo, le clavaron las garras y cuando ya no podían más, hasta cuchillos. Quedó partido en 30 pedazos y cada miembro de la chusma se apoderó de un trozo y lo devoraron.

“Por primera vez, la chusma había hecho algo por amor.” (última frase del libro).

 Citas:

  • “En el siglo XVIII vivió en Francia uno de los hombre más geniales y abominables de una época en que no escasearon los hombre abominables y geniales”. Es la primera frase del libro.
  • “En la época que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre moderno. Las calles apestaban a estiércol. Los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y excrementos de rata; las cocinas a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a sábanas grasientas, a edredones húmedos y al penetrante olor dulzón de los orinales. Las chimeneas apestaban a azufre; las curtidurías a lejías cáusticas; los mataderos a sangre coagulada. Hombres y mujeres apestaban a sudor y a ropa sucia; sus bocas apestaban a dientes infectados, los alientos olían a cebolla, y los cuerpos, cuando ya no eran jóvenes, a queso rancio, a leche agria y a tumores malignos. Apestaban los ríos, apestaban las plazas, apestaban las iglesias y el hedor se respiraba por igual bajo los puentes y en los palacios. El campesino apestaba como el clérigo; el oficial de artesano como la esposa del maestro; apestaba la nobleza entera y, sí, incluso el rey apestaba como un animal carnicero y la reina como una cabra vieja, tanto en verano como en invierno, porque en el siglo XVIII aún no se había atajado la actividad corrosiva de las bacterias y por los tanto no había ninguna acción humana, ni creadora ni destructora, ninguna manifestación de vida incipiente o en decadencia que no fuera acompañada de algún hedor”.
  • “Los hombres podían cerrar los ojos ante la grandeza, ante el horror, ante la belleza y cerrar los oídos a las melodías o las palabras seductoras, pero no podían sustraerse al perfume porque el perfume era himno del aliento. Con él se introducía en los hombres y si éstos querían vivir, tenían que respirarlo. Y una vez en su interior, el perfume iba directamente al corazón y ahí decidía de modo categórico entre inclinación y desprecio, aversión y atracción, amor y odio. Quien dominaba los olores, dominaba el corazón de los hombres.”
  • Descripción de un perfume (casi podemos olerlo): “Era fresco, pero no atrevido; floral, sin ser empalagoso. Tenía profundidad, una profundidad marrón, oscura, magnífica, seductora, penetrante, cálida, y a pesar de ello no era excesivo ni denso.”

Curiosidades:

  • El libro está maravillosamente escrito en tercera persona, con un tono irónico y mordaz y una casi total ausencia de diálogos.
  • Hay fragancias que se conservan por décadas: un armario frotado con almizcle; un trozo de cuero empapado de esencia de canela; un bulbo de ámbar; un cofre de madera de cedro… poseen vida olfativa casi eterna. En cambio otros como la bergamota, el aceite de lima, extractos de narciso y nardo, perfumes florales. El perfumista lucha contra esto, ligando fragancias demasiado volátiles a otras más perennes. Ej.: Grenouille retuvo la fragancia efímera del nardo con minúsculas cantidades de algalia, vainilla, láudano y ciprés.
  • Ya desde esa época se sospecha para todo de los gitanos. “Era bien sabido que tejían alfombras con retales viejos, rellenaban almohadas con cabello humano y hacían muñecas con piel y dientes de los condenados a la horca. En el caso de los crímenes tan perversos, sólo podía sospecharse de los gitanos.”
  • Algunos ingredientes para perfumes: ámbar, algalia, pachulí, madera de sándalo, bergamota, vetiver, apopónaco, flor de lúpulo, tintura de benjuí, castóreo.
  • En esa época, los desmayados eran reanimados con sales volátiles más fuertes, compuestas de esencia de claveles, amoníaco y alcohol alcanforado.

RAE (o… por favor, amplía tu vocabulario):

  • Berza = Col.
  • Pelargonio = Género de geraniáceas de hermosas flores encarnadas.
  • (Un perfume) adocenado = Vulgar, de muy escaso mérito.
  • Tanino = Cada uno de los ésteres de la glucosa y el ácido gálico. Son sustancias astringentes abundantes en las plantas fanerógamas. Se usan como curtientes en la fabricación de tintas y colorantes y en farmacología.
  • Abatanar = Golpear, maltratar. Batir el paño en el batán para desengrasarlo y enfurtirlo.

Veredicto:

Necesitaría abrir un nuevo blog dedicado a incluir todos los elogios que se merece este libro.


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