El color púrpura (The color purple -1982-)

“No se lo cuentes a nadie más que a Dios. A tu mamá podría matarla.”

¿Qué contiene?

Una estremecedora y al mismo tiempo esperanzadora novela epistolar sobre temas  como el racismo de la sociedad blanca, el patriarcado abusivo y las dificultades de ser mujer y de raza negra en el Sur Norteamericano, narrada con profunda compasión, fuerza, inocencia, intensidad y, por supuesto,  color.

¿De qué trata?

Son cartas escritas primero a Dios (el libro aparece dedicado ‘al Espíritu sin cuya asistencia ni este libro ni yo hubiéramos sido escritos’) por una niña desde sus 14 años (Celie) que tiene 2 hijos con su propio padre, y luego escritas a su hermana (Nettie) misionera en África.

Ambas tienen unas vidas espeluznantes. A Nettie la pretende un viudo (Albert), cuya esposa murió asesinada y que solo pretende casarse porque tiene cuatro hijos y necesita que alguien los cuide. Su padre le niega a Albert la mano de Nettie porque ya puso sus ojos en ella, pero le da a nuestra protagonista Celie, la mayor, que tiene casi 20 años. Es fea pero puede trabajar como un hombre y además ya no puede tener más hijos. La ofrece junto con una vaca. El viudo la acepta como esposa, si sigue en pie lo de la vaca. Nettie escapa de la casa y se va a vivir con Celie y Albert, quien la sigue mirando, pero al no poder conseguir nada, la corre. Nettie es luchona y estudiosa mientras que Celie sólo sabe ir viviendo. Es así como Nettie se vuelve misionera en África.

Shug Avery es la amante de Albert. Cuando Shug enferma, Albert la lleva a la casa para que Celie la cuide. Celie tiene un retrato de ella, que es guapísima y se muere de ganas de conocerla. Es la mujer más guapa y elegante que Celie ha visto y la admira:

“Está tan elegante que parece que hasta los árboles se ponen de puntillas para verla mejor”.

Cuando finalmente se conocen, Shug la ve de arriba abajo y dice: ‘Pues sí que eres fea’, como si no lo hubiese creído hasta ese momento.

Celie cuida de ella durante su enfermedad. Incluso la baña. Nunca había visto una mujer desnuda y al ver a Shug, Celie siente como si se hubiese convertido en hombre. Celie siente una secreta atracción hacia Shug:

“Lleva un camisón largo de manga larga y la mano, negra y delgada, que toma el cigarrillo es normal. Pero tiene algo, no sé si serán las venas pequeñas y finas que se ven o las grandes y gruesas que procuro no mirar, que me asusta. Algo que me llama. Si no me vigilo cogeré esa mano y me meteré sus dedos en la boca”.

Harpo, el hijo mayor del viudo Albert, construye un club nocturno donde Shug canta varias noches llenando el local.

La primera noche, Celie se siente triste, ya que Albert acapara la atención de Shug y de repente se sorprende al escuchar su nombre: Shug está cantando ‘La canción de Miss Celie’, misma que Shug tarareaba siempre que Celie la peinaba.

Shug dice que Celie le sacó esa canción de la cabeza:

“Ahora me doy cuenta de que Shug tiene una manera de hablar, y a veces hasta de hacer, que parece de hombre. Los hombres dicen estas cosas de las mujeres. Chica, estás imponente. Las mujeres siempre hablan del pelo y de la salud. De los niños vivos y de los muertos y de si les han salido los dientes. Ninguna le dice a la otra que está imponente. Todos los hombres tienen los ojos puestos en el escote de Shug. Yo también. Y siento que se me endurecen los pezones. Y hasta el granito se levanta. Shug, le digo con el pensamiento, estás imponente chica, bien lo sabe Dios”.

Cierto día, Shug se presenta con su marido Grady. Se había casado.

Celie le platica a Shug que Albert ya no le pega tanto y Shug le dice:

“Si tú fueras mi mujer, te cubriría de besos en lugar de golpes”.

Shug le dice a Celie que sigue siendo virgen, ya que en realidad ni ella ha amado, ni a ella la ha amado nadie. Celie le confiesa su relación con su padre, y llora. ‘No llores, Celie, me dice Shug. No llores. Y empieza a besar el agua que me baja por el lado de la cara’. Celie le confiesa que a ella nunca nadie la ha querido.

“Yo te quiero Miss Celie, me dice. Entonces se levanta un poco y me da un beso en la boca. Hum, dice como sorprendida. Entonces la beso yo, y también digo: hum y seguimos besándonos hasta ya no poder más. Luego nos tocamos. Yo no sé mucho de esto, le digo. Yo tampoco. Entonces siento algo suave y húmedo en el pecho. Algo que parece la boca de los hijos que perdí. Al rato, yo hago también como si fuera una niña perdida”.

Celie cree que Nettie no le ha escrito, pero lo que pasa es que Albert esconde sus cartas. Shug la interroga sobre Nettie. Quiere saberlo todo de ella por ser la única persona que Celie ha querido, además de ella.

Celie escribe cartas porque su vida la averguenza tanto, que no se la quiere platicar ni a Dios y por eso mejor escribe todo… Shug le consigue las cartas de Nettie. Está en Africa sirviendo con unos misioneros, quienes, además, son los padres adoptivos de los hijos de Celie (su padre se los había quitado al nacer). Nettie le habla de África: los dientes de los africanos son blancos, grandes; los de los ingleses son mal puestos y ennegrecidos. En una de sus cartas, Nettie le dice que su padre no es su padre. Shug lleva a Celie con su padre, quien le confirma eso.

Shug le dice que Dios no sólo quiere que lo alaben; también le gusta que la gente disfrute de lo que Él les da. Dios se enojaría si al pasar frente a un campo, no vieran y disfrutaran del color púrpura. Shug decide irse y llevarse con ella y su esposo a Celie. Albert no está de acuerdo y Celie le dice la siguiente frase lapidaria, ya solo por la cual vale la pena leer el libro:

“Ha llegado la hora de dejarte y entrar en la creación. Y tu cadáver me servirá de alfombra”.

Shug se lleva a Celie a su casa de Memphis, mas no como su criada, sino para darle su amor y ayudarla a rehacer su vida y pone, con toda la ayuda de Shug, una fábrica de pantalones.

Pero no todo es miel sobre ojuelas y el púrpura es un color contradictorio: Shug abandona a Celie por un muchacho de diecinueve años. Le pide seis meses nada más para vivir la última aventura de su vida y después regresa con ella.

Finalmente, Nettie y Celie se reúnen después de más de 30 años sin verse y el libro acaba con una reunión familiar: Nettie, su esposo misionero, Celie, sus hijos, Harpo y su esposa Sofía, Shug…

Por fin, Celie es feliz.

Citas:

  • “No se lo cuentes a nadie más que a Dios. A tu mamá podría matarla.” Frase con la que abre el libro.
  • “Está tan elegante que parece que hasta los árboles se ponen de puntillas para verla mejor.”
  • “La desconfianza es algo terrible. Y también lo es el daño que podemos causar al prójimo sin querer.”

Curiosidades:

  • En 1983, Alice Walker obtuvo el premio Pulitzer por El color púrpura.
  • El verdadero nombre de Shug es Lillie. Shugar, en el sur, es un apelativo cariñoso.
  • El simbolismo del púrpura como color, es interesantísimo y variado según el punto de vista. El diccionario de los símbolos de Jean Chevalier señala que los psicólogos (y este enfoque es muy atinado dado el alto contenido psicológico del libro) han distinguido entre colores calientes (que favorecen los procesos de adaptación y de animación, con un poder estimulante y excitante) y colores fríos (que favorecen el proceso de oposición y caída, con un poder sedante y apaciguador). El púrpura se ubica entre los fríos. Para la psicología, los colores suscitan lo que simbolizan. En este sentido está claro lo importante que es elegir el título de un libro y en el presente caso la elección no pudo haber sido más certera: para hacer frente a ciertas circunstancias de la vida a veces es necesario precisamente un poder sedante y apaciguador porque hay realidades que pueden llegar a ser demasiado perturbadoras. Hermosa metáfora, Alice Walker. No por nada te otorgaron un Pulitzer. Ahora bien, tomando en consideración la gran variedad de enfoques que se le pueden dar a la simbología del color púrpura, lo mejor es recurrir a la ciencia: tal y como decía en párrafos anteriores, el púrpura es contradictorio porque siguiendo la Teoría de la luz de Isaac Newton, la descomposición de la luz blanca en un prisma se separa en los siete colores del arcoiris entre los cuales no figura el púrpura (ojo, no es lo mismo ‘púrpura’ que ‘violeta’). Al proyectar esos colores en otro prisma invertido, regresamos al color blanco con lo que podemos concluir que el púrpura no forma parte del espectro de color y que en realidad es un tono que se ubica entre el rojo y el azul. Un tono ubicado entre un color caliente y uno frío. Así es la vida. Contingente y por lo tanto contradictoria y llena de tonalidades y hay que aprender a abrazarla en su totalidad.
  • En 1985 ella misma adaptó el guión de su obra para la famosa película de Steven Spielberg.
  • La vida de Walker es tan interesante como sus libros.

Veredicto:

Inquietante, perturbador, crudo, emocionante, emotivo, esperanzador, cruel, realista, atormentado, turbulento, revuelto, extraordinario, intenso, tierno, delicado, sensible, impresionante, conmovedor, sobrecogedor, singular, cautivador… ad infinitum y todo al mismo tiempo, como los colores y la vida misma.